Un 8 de Julio en Zaragoza.

blog julio 8

Un nuevo día de la comunidad y una nueva historia. Es la continuación de “Un 16 de Junio en Zaragoza”. Este último relato tuvo mucha mayor repercusión de la que me esperaba y multitud de mensajes llegaron a mí pidiéndome que continuase con la historia de aquella familia que sin planearlo se topó con una nueva visión de la sociedad que no se esperaba. Espero que os guste tanto como os gustó el primero. Muchas gracias por leerlo.

“Por fin otro día más”, decía mi marido. Llevaba planificando el domingo desde hacía ya dos semanas. ¡Estaba más entusiasmado que los niños!

Este último mes le había sentado genial, ¡No podía ni seguirle el ritmo! Yo… yo que era siempre la que tenía que arrastrarle para sacarlo de casa. Siendo que siempre le daba pereza salir a caminar o pasear siquiera, ahora se ha pasado todo el mes de un parque a otro. Nuestro tiempo libre junto con el cambio al buen tiempo se había convertido en pasear. Visitamos parques que no veía desde que era muy niña. También dábamos largos paseos por la rivera del Ebro siempre acompañados de nuestros renacuajos. No puedo creer que aquel dieciséis de junio cambiara la vida sedentaria de sofá de mi marido a una vida de paseos y exploración. Nunca habría visto la mitad de la ciudad en la que vivo si no fuera por nuestras cacerías y exploraciones.

-Cariño son las diez y media debemos ir ya al parque grande.

-Lo sé no te preocupes.

-Baterías ¿las llevas?

-Si, si y si. Todo de todo.

El nerviosismo de mi marido por ir al parque se le contagiaba a los niños. Estaban más revolucionados que un gallinero.

Viviendo tan cerca llegamos en muy poquito. Nos dio tiempo hasta hacer una incursión por el camino. Me daba gracia que mi marido fuese azul, los niños amarillos y yo roja. Al principio nos pareció buena idea hacerlo así pero luego vimos que era más difícil a la hora de conseguir gimnasios. Pero no nos echamos atrás decidimos ayudarnos entre todos aunque nos costara más y tuviéramos que caminar más, daba igual lo lejos que tuviésemos que llegar si íbamos todos juntos, nos dijimos que ninguno nos quedaríamos sin cobrar pese a ser de los tres colores. Mi marido acabó por descubrir que amenazando a los niños con castigarles sin cobrar las cincuenta monedas diarias resultaba más efectivo que castigarles sin la play.

Poco a poco fuimos conociendo a otros jugadores en las incursiones o nidos, gente de todas las edades, niveles, clases sociales y colores, por lo visto nuestra forma de jugar en familia les parecía graciosa y comenzaron a llamarnos la pokefamilia.

Me encantó conocer a muchas personas que no habría podido conocer de otra manera que no fuera dentro del juego, personas que pese a que seamos de diferente color, edad, o clase social nos ayudaron desde que empezamos y además sin importarles nuestros niveles. Personas que no tenían inconveniente en explicarnos cualquiera de nuestras infinitas dudas. Aún no se ni pronunciar la mitad de los pokemons para mi  todo son culebras, pájaros, ratas o rocas con brazos. En cambio, mis hijos son mucho más sueltos en ese aspecto y mi marido aprende muy rápido de ellos.

El puente del parque estaba repleto de jugadores esperando los últimos minutos antes de lanzarse al evento.

Que felices estaban los peques con sus chapas al pecho y la cabeza bien alta. Pero más alta la llevaba mi marido con su sonrisa de oreja a oreja mirando de un lado para otro.

-¡Un minuto!

Empezamos. ¡Go!. Nos unimos al río de gente entrando al parque como peces del mismo banco.

El tiempo pasó rápido entre risas y aventuras. Mis peques no paraban de correr de un lado a otro cogiendo squirtles. En efecto, conseguí aprenderme el nombre de la tortuga para la ocasión, o mejor dicho por reiteración de mi esposo e hijos.

Este mes los sorteos se habían multiplicado, ¡Había hasta 16!, desde tarjetas regalo de Play Store, cenas en pareja, botellas de vino, juguetes de pokemon, etc. Había mejorado mucho respecto al mes pasado. Estaba deseosa de que me tocara una cenita en pareja, pero mi marido se contentaba con una simple botella de vino para la comida. Para gustos colores. Los nenes estaban empeñados en conseguir un peluche de squirtle. Ninguno queríamos irnos con las manos vacías.

Una incursión legendaria se había abierto en Alfonso I. Tan pronto llegamos la multitud iba yéndose. Que rápidos la habían hecho. 

-¿Sois azules?.- Preguntó un chico rezagado que no la había hecho aún.

-Yo soy azul, pero mi mujer es roja.- Contestó mi marido.

-A pues vente que ahí estamos algunos azules más, con uno más ya podremos hacer la incursión.- Dijo el chico haciéndole gestos con la mano para que fuera con él.

-No me voy a separar de mi mujer ni de mis hijos por ser de colores diferentes, me parece un sin sentido hacer las incursiones por equipos pudiendo hacerlas mezclados y unidos.- Le contestó mi marido.

-Pero el bonus haciéndolo mezclados es peor.

-El bonus es lo de menos cuando lo haces con tu familia y amigos independientemente del color que sean. En este último mes no solo he conocido a gente de mi mismo color, sino de todos, y no son mejores ni peores por haber elegido un equipo u otro. Son las mismas personas que si fueran de cualquier otro color. Lo que a mi me importa es estar con ellos, jugar con ellos. Cualquiera debería ser bienvenido en cualquier grupo dando igual su color o nivel. Nosotros preferimos estar en un grupo de veinte haciéndolo todo mucho más fácil que separarnos en tres o cuatro grupos por colores y sufriendo para hacerlo por ese dichoso bonus. ¿No es una tontería aislarse en un grupo por colores seas lo alto que seas o tan fuertes sean tus pokemons si por ello te apartas de los demás?. En mi opinión este juego es para conocer gente, apoyarte y avanzar. No tienen ningún sentido ese tipo de separación por colores.- Dije fieramente.

-Conocer a otros jugadores y apoyarte en ellos está claro, es algo que ocurre cuando estás subiendo de nivel y mejorando, pero luego cuando entre cuatro o cinco podéis hacer cualquier incursión o tomar cualquier gimnasio cuando se quiera ya da igual juntarse con el resto. Es mucho mejor hacerlo solos.- Contestó el chaval alejándose.

-Estás muy equivocado, juntándote solo con cuatro o cinco de tu color por amigos y fuertes que seáis nunca disfrutaréis tanto del juego como el resto de las personas.  Seguro que os pondréis de acuerdo antes, seguro que lo tendréis más fácil para conquistar cualquier gimnasio pero también es seguro que os cerraréis a vosotros mismos incluso excluyendo a los demás jugadores de vuestro propio color. ¿Lo habéis pensado bien? Resulta una posición muy egoísta.- Contestó mi esposo.

-Si juntándome solo con mi grupo podemos tomar un barrio entero de la ciudad para subirnos al máximo los gimnasios ¿Por qué no podemos hacerlo?.- Dijo el muchacho ya alejado de nosotros.

-¿Para qué necesitas hacerlo todo tan rápido?, ¿Acaso se disfruta así del juego? Es deplorable monopolizar un barrio entero sin siquiera pensar en los jugadores que viven ahí. -Contesté.

-¡Solo servís para que a la gente les caigáis mal por egoístas!.- Dijo mi hijo mediano enfurruñado.

-Hasta un niño de diez años entiende la esencia del juego. Espero que algún día os deis cuenta que el camino fácil no siempre es el mejor, además es un comportamiento que no solo debe radicar en el juego. El comportamiento de unión o acercamiento independientemente de como sea tu compañero o la persona que se ponga a tu lado debería extrapolarse fuera del juego mismo. ¿No es cierto que el mes pasado todos los jugadores se unieron por primera vez por un bien general? No solo los rojos, o los azules, o los amarillos se encargaron de organizar el evento pasado. Lo hicieron todos en conjunto. ¿Por qué esto no puede ser igual?.- Dijo mi marido al mismo tiempo que calmaba al peque enfurruñado.

El chico se marchó finalmente con su grupo sin contestar. Y ambos nos quedamos sin hacer la incursión. Prefirieron no hacerla a mezclarse con gente que no fuera de su color. Pero a nosotros nos daba igual, teníamos unos ideales y sabíamos que tras la discusión algo de mella le habíamos hecho en su cabeza, por cabezota que fuera.

No nos habíamos dado cuenta del tiempo que había pasado y el evento ya había acabado. ¡Los sorteos ya habían empezado!

-¡Quiero mi cena!.- Grité agarrando a mi marido y poniéndolo en marcha hacia el lugar de reunión.

Finalmente a mi pesar no ganamos la cena, ni mi marido su querida botella de tinto que veía alejarse melancólico en los brazos de otra persona. Pero eso sí a los peques les compramos chapas especiales del evento que les hicieron más ilusión que cualquiera de las cenas en el mejor de los restaurantes o las mejores botellas de vino. Se fueron con una sonrisa y una nueva chapa para su colección deseosos de que llegase el siguiente día de la comunidad para volver al Parque Grande. Siempre unidos.

4 comentarios sobre “Un 8 de Julio en Zaragoza.

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  1. Toda la razon en lo de trabajo en equipo, uniendo diferentes colores, niveles y clases sociales, a esos les parecera muy bonito pillar y hacer un barrio completo de un color… pero sin la ayuda de los otros colores no cobran y pierden esos pokemon de por vida, -si existen gym que se convierten en celdas de pokemon durante meses-
    Gran continuacion del relato del mes pasado, estoy deseando ver como evoluciono la “pokefamilia” en 2 meses, como organizaron sus vacaciones en un verano lleno de eventos..
    A seguir luchando y disfrutando!!
    Mi mas sincera enhorabuena crack!!!

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  2. No puedo evitar sentirme aludido, ya que no es la primera vez que se nos acusa de esto, y dudo que la elección del color de esos chicos que querían hacerlo solos sea casual.

    Nunca hemos dado la espalda a nadie, sea del color que sea, a la hora de hacer una raid. Si preferimos dividir por colores es para que TODOS puedan obtener el máximo beneficio, si un rojo entra en un grupo mayoritario de azules o amarillos, el perjudicado va a ser él, no el resto que seguirán obteniendo el bonus de equipo.

    Por otra parte, hacer grupos más pequeños no sólo mejora los bonus de equipo e individuales (más bolas, más objetos de recompensa), sino que además le da más emoción al juego, al menos te obliga a elegir un equipo que sea efectivo contra el raid boss, y no limitarte a aporrear la pantalla sin sentido con Lugias, Aggrons y demás bichos totalmente subóptimos que el juego selecciona por defecto.

    Esto no quita, en ningún caso, que dejes de conocer gente de cualquier color, o que tengas que aislarte de los demás. Se pueden seguir haciendo raids de 20 personas, pero es más divertido hacer 3 ó 4 grupos que uno solo, igual que en cualquier otro juego la diversión dista de un nivel de dificultad extremadamente bajo. Y mientras se juega en grupos pequeños, se puede seguir hablando con cualquiera, esté en el grupo que esté, sea del color que sea, independientemente de cómo se haya dividido dentro del juego.

    En cuanto a tirar un barrio entero, tenemos la suerte de vivir en una de las ciudades con barrios de mayor densidad de gyms. Además el sistema actual facilita tirarlos (al menos en comparación con los antiguos), y en compañía de gente esta tarea se trivializa prácticamente. Tirar un gym no es más que cuestión de paciencia, y la única opción de que no puedas cobrar un día es que te encuentres los 10, 15 ó 20 gimnasios a tu alrededor del mismo color de tu equipo y sin un solo hueco, cosa que muy rara vez ocurre.

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    1. Hola Odiosos8. No quería acusar a nadie con este relato. Solo era ficción pero es cierto que en todo hay un toque de realidad, nada es completamente inventado ni nada es completamente real. Siempre los recuerdos se mezclan en parte con la literatura pero pese a eso la idea en la que girase el relato no era esa, eso era para darle enfasis. La idea era extrapolar la unidad o el compañerismo tan dispar que hay entre los jugadores a fuera del juego. Así complementaría la idea de unión que empece con el primer relato “Un 16 de Junio en Zaragoza”.

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