La Caja Tonta.

foto la caja tonta blog

Con este relato os traigo una nueva historia corriente. Esta vez es un tema hablado, cuestionado y muy importante. Pero una cosa siempre será hablarlo y otra muy diferente actuar o ponerle freno. Para realizar este relato me he inspirado en una actividad de campamento, la cual se puede extrapolar fácilmente para ayudarme a lo que quiero criticar hoy. Siendo como no, algo que ocurre pero no vemos o que no queremos ver.

De camino al trabajo tuve una idea genial. Antes de nada me presentaré. Soy Raúl y soy profesor. No soy un profesor prestigioso ni mucho menos. Soy profesor de infantil y primaria, pero por ello no quiere decir que sea mejor o peor que otro profesor que ha estudiado para cultivar cabezas ya maduras o adultas. Yo soy ese profesor que tiene la ardua tarea de empujar a los niños en aquellos años en los que sus cabezas aún no tienen el raciocinio de una persona adulta o mejor dicho ni el de un adolescente. Me considero un formador.

Ahora bien, mi gran idea. Se me había ocurrido una actividad muy divertida y sencilla para hacer con los niños, le había puesto ya hasta un nombre: La caja tonta. Esta actividad trata de que cada chico y chica de la clase escriba en un papel un reto hacia cualquier compañero firmado por el que le había retado, y el reto debe ser realizado si o si, es decir, nadie se puede negar a realizarlo y por lo tanto tienen que ser retos posibles no retos como: “Yo Raúl reto a Pepito a irse a la luna”. Todo debe de poderse realizar dentro de las cuatro paredes del aula. Eso si, aquí viene la parte divertida. La caja está tonta y los retos se dan la vuelta. Con esto quiero decir que el niño que reta a otro a hacerlo es él quien de verdad lo hará. ¿No lo veis un juego genial?.

Nada más llegar al colegio fui directo al almacén de material a buscar una caja que pudiera servirme para guardar los retos. También debía de pintarla de forma animada, no sé, con interrogantes o cualquier cosa que se me ocurriera. No tenía mucho tiempo para pensar ni para adornarla, las clases iban a empezar en seguida, o sea que me deje de ceremoniales y me puse al trabajo. En menos de diez minutos tenía una caja perfectamente adornada con interrogantes de colores varios, una abertura a modo de buzón en su parte superior y por un lateral le recorté una puertecita por donde me cabía la mano para sacar los retos. Ya estaba todo listo.

Nada más entrar a la clase les pedí que hoy como iba a ser un día especial se sentasen poníendo las sillas en forma de letra “u” y una vez que estaban reordenados les expliqué el juego. Lo entendieron a la perfección, y es más, estaban ansiosos de jugar, podía sentir sus nervios desde mi mesa. Que ganas tenía de ver que retos salían y lo mucho que nos íbamos a reír y divertir. En algunos momentos, sobre todo durante los juegos me sentía como uno más de ellos.

Repartí a cada uno de los niños una octava parte de folio. Tendrían de sobras con ese espacio. También tenía suerte de que mi clase era más bien reducida, eran dieciséis niños siendo alguna chica más que chico pero prácticamente estaban en números parejos.

En pocos minutos ya vinieron a meter los primeros niños los retos al buzón de la caja tonta. No podía evitar soltar una risita cada vez que veía la cara de pillo de alguno. La última niña no tardó más de cinco minutos en dar su reto. Así como volvió a su sitio me levante con la caja y de camino al centro de la clase fingí que me tropezaba y tiré la caja al suelo.

-¡Oh no chicos!.- Exclamé conteniéndome la risa.- Ahora la caja se ha confundido a la hora de mandar los retos, y los retos que hayáis hecho van a volver a vosotros para que los hagáis.

Los niños más que sorprendidos se pusieron algo tensos. No me esperaba una reacción así.

-Y recordad chicos que no se puede decir que no al reto, lo he explicado antes.

La reacción anterior que me llamó la atención se acrecentó. No podía adelantarme a lo que estaban pensando pero ya notaba que estaba ocurriendo algo en el ambiente. No entendía que podía pasarles. Los niños se miraban de manera entre nerviosa a temerosa. Este no era el clima que me esperaba para nada ¿Qué había salido mal?. Saqué el primer papel y lo leí.

-Yo Fran reto a Gonzalo a que imite a un gorila.- Dije con voz alta y clara mientras miraba a los niños y me centraba en los participantes.

-Por lo tanto Fran vas a hacer tu reto, venga ven, vente aquí conmigo que vas a ser un gorila para toda la clase.

El chico se levantó algo nervioso y sonrojado pero finalmente cumplió el reto y volvió a su sitio.

Saqué el segundo papel de la caja y lo leí.

-Yo Ana reto a Gonzalo a que de quince vueltas sobre si mismo muy rápido.

Tras leer este último papel hice una pequeña pausa pensando en el clima que tanto me llamaba la atención.

-Jo Gonzalo parece que eres famoso.- Dije tratando de animar a la clase.

Pero ninguno se rió de verdad, no surgió nada más que alguna risa forzada. Miré a Gonzalo y bajó la cabeza. Empezaba a darme cuenta de algo.

-Venga Ana te toca dar quince vueltas, ven conmigo.

Tras que una Ana algo mareada se sentase cogí otro papel de la caja y lo leí

-Yo Enrique reto a Gonzalo a bajarse los pantalones.

Otra vez volvían a retar a Gonzalo a hacer un reto, tres seguidos. ¿Qué estaba pasando?. ¿Puede ser algún tipo de burla o acoso?. O peor aún podría ser bullying, no es normal esta casualidad.

-No pienso bajarme los pantalones.- Dijo Enrique desde su asiento.

-Ahh, vaya, ahora vas a tener que hacerlo. Expliqué antes de jugar que nadie podía negar un reto y a ninguno os pareció mal, es más, os gustó la idea.

-¡Que no se los baje!.- Exclamaron las chicas en coro.

-No me los bajaré.- Volvió a replicar.

-No seas cagueta.- Dijo un niño que actuaba como jefecillo de la clase.

Finalmente Enrique obedeció y se los bajo. Se sentó nuevamente con la cara roja de vergüenza acompañado de gruñidos de repulsión de las chicas.

Saqué otro papel de la caja pero esta vez no lo leí en voz alta. Yo Juan reto a Gonzalo que haga quince flexiones. Saqué otro. Yo Isabel reto a Gonzalo a comerse el bocadillo del recreo sin usar las manos. Saqué otro. Yo Elisa reto a Gonzalo a gritar quien le gusta.  Y así sucesivamente con todos los retos.

No me lo podía creer, todos los retos iban dirigidos hacia Gonzalo ¿Cómo era posible? No les había dado tiempo para que se pusieran de acuerdo. Ni siquiera les he dejado hablar con los compañeros que más cerca tenían cuando estaban escribiéndolos.

Acabé por vaciar todos los papeles sobre mi mesa y llamé un por uno a cada niño para que recogiera su papel.

Les hice leerlos en voz alta uno a uno. Algunos retos pasaban de ser bromas a ser humillaciones o muy molestos para quien lo realizase. Hasta que finalmente le tocó leer el reto que había escrito Gonzalo.

-Yo… Gon… Gonzalo re… reto a Jor… Jorg.. Jorge a que no me tire nada en todo lo que dura la clase.- Dijo con voz temerosa y entrecortada.

Gonzalo lo estaba pasando muy mal y todo a la espalda de los profesores, ninguno nos dábamos cuenta. Era increíble pensar en lo lejos que habían llegado las bromas de los niños. Esto no podía seguir así, quiero decir, no podía dejar que esto siguiera así.

-Muy bien, ahora levantar la mano quien quiera hacer el reto que pone en su papel.- Dije con voz seria.

Me encontré con más manos abajo de las que me esperaba, e incluso algunas de las que estaban alzadas eran de los niños con los peores retos.

-Bien Miguel, haz el reto que habías escrito.- Dije a uno de los que habían escrito uno de los peores y había levantado la mano.

-Prefiero no hacerlo profe, bajaré la mano.- Contestó.

-Y creó que no será únicamente Miguel quien bajará la mano ¿O me equivoco?.- Dije mirándolos con ojos firmes y serios.

Varias manos más bajaron.

-¿Alguien me puede explicar por qué solo se reta a Gonzalo?.- Pregunté a la clase en conjunto.

-Es que no sabíamos que tendríamos que hacerlos nosotros, eso no nos lo habías explicado.- Dijo una niña.

-No lo había explicado porque es el secreto de la caja tonta. Además ¿No creéis que no está bien retar a algo que ni siquiera el que reta se atreve a hacerlo?

Lo que había pasado hoy en mi clase había sido un claro episodio de bullying. No había sido físico ni verbal pero sentí miedo de verdad al ver todos los retos enfocados a por un solo niño meramente para molestarlo. ¿Qué más podría pasar? O peor aún ¿Qué es lo que había pasado ya?. Esto podría ir en aumento y ser un verdadero tormento sin vuelta atrás para Gonzalo.

Ningún niño contestó.

-¿Está bien que una sola persona haga dieciséis retos? No sería nada divertido para él, ni para vosotros. Sigue siendo un juego no un castigo y aquí debemos jugar todos.

Todos los niños estaban mirando al suelo. Podía oír como alguno tragaba saliva.

-Pues voy a volver a recoger los papeles y cada uno de vosotros va a hacer los dieciséis retos, el suyo y el del resto de los quince compañeros.- Dije acercándome a recoger el primero.

-¡No!.- Exclamaron casi en conjunto.

-¿Por qué no?.- Pregunté.

-Yo no quiero hacer mi reto.

-Ni yo.

-Yo tampoco.

-Ni yo.

-¿Y pensabais que Gonzalo si quería hacer el de vosotros cuatro, o el de todos vosotros?.- Dije señalando a los niños que habían hablado.

Ningún niño dijo nada.

-De algo divertido que podíamos hacer todos juntos, que nos podíamos haber reído en conjunto como amigos. ¿Os gusta cómo ha acabado?.

-No profe.

-¿Lo volveréis a hacer?

-No, nunca.

-Espero que penséis luego en vuestras casas como debe sentirse Gonzalo después de este acoso que le habéis hecho. Sois sus compañeros de clase, os tiene que ver como amigos no como enemigos. Además sé que no es la primera vez que pasa algo así. No quiero saber quién empezó ni quién siguió, para mí todos sois igualmente de culpables es tan culpable el que pega como el que se ríe viéndolo sin chivarse de la situación. Quiero que todos os disculpéis con Gonzalo.

-Profe, yo haré mi reto.- Dijo un niño que no había levantado la mano antes.

-Yo también.

-Y yo.

Se fueron uniendo niños a querer hacer sus retos.

-Hacerlos pues, todos a la vez.- Dije levantando los brazos hacía la clase.

Muchos empezaron a hacer sus retos por degradantes que fuesen mientras que otros iban a disculparse con Gonzalo abrazándole o dándole besos.

Gonzalo es un chico muy tímido e introvertido. No se atrevió a decir que parasen las bromas cuando aún eran bromas y sin darnos cuenta pasó a ser acoso. Pero ahora al verse rodeado por sus compañeros dándole abrazos y besos hizo que se pusiera a llorar. No solo él se puso a llorar poco a poco todos los niños comenzaron a llorar. Era cierto que se habían dado cuenta de que lo que hacían estaba mal y se arrepentían. Finalmente aprendieron que hasta la persona más diferente de la clase sigue siendo un compañero y se le ha de respetar sea como sea. Al final aún habiendo salido mal el juego de la caja tonta estaba feliz de haber hecho bien mi trabajo.

Un comentario sobre “La Caja Tonta.

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  1. Ojala todos los profesores estuvieran tan implicados y tuvieran la oportunidad de detectar y solucionar este tipo de problemas… el secreto es la educacion desde la base tanto de padres como de educadores!
    Muy muy buena historia, enhorabuena, me encanta que toques este tipo de temas que hacen reflexionar.

    Me gusta

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