Días de verano.

faro blog 2

Os presento aquí mi segundo aporte para la revista La Clamor concrétamente la edición de este mismo día, 16 de Agosto. Es una breve historia ficticia pero con parte de realidad, ya que me basé en la historia de un amigo mio que tras escucharle, sin que él lo supiera me inspiró para escribir este relato y así crearlo.

Un agosto más caminando por el paseo abarrotado. Un verano más en el que toda la playa se inundaba de turistas. Siempre iguales, siempre monótonos, siempre aburridos. Las vacaciones para mí habían perdido ya todo su sentido.

Solo me quedaba un sitio donde relajarme. Un sitio que por su poco interés quedaba siempre vacío. Un sitio que era todo un santuario. Mi faro.

Ya casi había llegado cuando vi que un chico estaba en mi sitio especial, en el faro más recóndito de todo el paseo marítimo. Simplemente ahí sentado.

-Hola ¿te has perdido?.- Le pregunté pensando que nadie llegaría hasta aquí por propia voluntad.

-Unos nueve mil kilómetros de mi casa.- Contestó sonriéndome.

El chico era más o menos de mi edad. Parecía un turista como otro cualquiera pero algo en él despertó la curiosidad en mí. Acabé por sentarme a su lado para descubrir que secretos podía albergar y poco a poco vi que era diferente a todos los demás chicos que había conocido antes. Minuto tras minuto, hora tras hora, acabamos por pasar todas las vacaciones juntos. Hasta que llegó el último día, el día en el que se iba, el día en el que no volvería a verlo jamás. Justo antes de subir al autobús se giró y me dijo: ¿El año que viene en el mismo faro?. No pude contestarle, me sorprendió y quedándome atónita solo pude responderle con una gran sonrisa. Iba a volver y yo iba a esperarle.

Llegó nuevamente el verano siguiente y el chico cumplió con su promesa, ahí estaba, en el mismo faro donde nos conocimos un año atrás. Parecía que el tiempo no hubiera pasado para ambos, que no nos hubiéramos separado durante todo un año entero. Pero la semana volvió a terminar y otra vez nos volvimos a despedir con la misma promesa de reunirnos de nuevo en aquel lejano faro. Se convirtió en mis vacaciones y me convertí en sus vacaciones. Cada agosto iba al mismo faro el mismo día a la misma hora sabiendo que ahí estaría él para volver a pasar una semana juntos, año tras año, tras año, tras año. No fue hasta el agosto del décimo verano que pasábamos juntos cuando todo cambió. Aquel chico ya no era un chico, ni yo era una chica, ahora éramos dos personas adultas, dos personas que íbamos a dejar atrás unas vacaciones que se habían convertido en las mejores de nuestras vidas. Dejándolas atrás para embarcarnos en un nuevo agosto que no terminaría nunca. Aquel chico no iba a volver jamás. Aquel décimo agosto de aquel décimo verano me casé con aquel chico que conocí en aquel recóndito faro y ya nunca más nos volvimos a separar.

Enlace: Revista La Clamor

IMG-20180815-WA0008

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: