Ensayo sobre la vida de una oveja y la sociedad rebaño.

rebaño ovejas foto

Con este ensayo trato de exponer de manera metafórica el desarrollo de un niño nacido en un pueblo hasta su llegada a la ciudad para complementar sus estudios. Narro el choque de ambas sociedades, la rural y la urbana de manera que refleje como el aislamiento social en los pueblos es tan grande que crea semejante dependencia que puede hasta frenar el futuro de las personas

Los rebaños y las ovejas. La sociedad está repleta de individuos sometidos a un poder abstracto dictado por ella misma. Una presión que altera el comportamiento de las ovejas en sus respectivos rebaños. Sean presiones escritas y aceptadas como son las leyes o presiones no escritas como serían las modas temporales. La sociedad en si es un rebaño inmensísimo el cual agrupa a su vez multitud de rebaños.  Rebaños incontables o infinitos con cantidades de miembros completamente variables. Pero no nos llama la atención entender porque vivimos en un rebaño si nosotros mismos somos conscientes de que hemos llegado a él. Lo que busco explicar será el camino desde el primer rebaño de nuestra vida desde cuando estamos ligados a la protección de nuestros padres hasta el momento en el que nos convertimos en personas adultas. Desde un punto de vista inicialmente rural contaré la historia de una oveja desde su más tierna edad hasta su salida del pueblo en su adolescencia y su vida adulta en la ciudad.

Todo comenzó aquel curioso día en que unos padres depositaron a su caloyo en un bello jardín. Un pequeño cerco que sembraría las primeras bases en una cabeza aún no desarrollada. Nuestra ovejita se encontró por primera vez desde el inicio de su existencia con más ovejitas similares a ella. Esta era una oveja lechosa empero no le tenía miedo al prado donde se encontraba. Eran en esa instancia inicial unos momentos de soledad en los que nuestra oveja erraría por el jardín hasta conectar con sus iguales. Era una oveja fuerte con un gran futuro. Un futuro que muchos no querían porque no lo comprendían. Si quiera nuestra pequeña oveja lo entendía. Comenzó aquí el primer día de lo que serían los cimientos del futuro de nuestra oveja. La primera etapa de su vida.

Esta primera etapa se caracterizó por unos primeros acercamientos a otras ovejas. Unas relaciones que nunca antes había tenido, relaciones intensas que no podía comprender. Su capacidad de raciocinio era muy limitada, no la había desarrollado todavía, pero no le importaba. Ella era feliz. Aún no tenía la madurez necesaria para entender los vaivenes que le daría su vida. Los años pasaron y esos primeros acercamientos y contactos con otros iguales se convirtieron en sus primeras amistades creando un “protorebaño”. Paralelamente al paso del tiempo nuestra oveja iba creciendo y el cerco que la contenía en este primer jardín se le iba quedando pequeño. Junto con su primigenio rebaño fue trasladada a un nuevo jardín mucho más grande con muchas más ovejas y rebaños desconocidos. Volvía a enfrentarse a un nuevo reto social. Terminó así la primera etapa en la vida de la oveja.

Comenzó la segunda etapa. Una etapa caracterizada por el desarrollo mental de nuestra oveja. Dejaba de ser una cría, estaba creciendo. Su mente ya podía entablar teorías e ideas nuevas, es decir, empezó a cuestionarse de manera muy simple la sociedad que le rodeaba. – ¿Por qué es correcto y qué es lo correcto? – Algo se desarrollaba en su cabeza de forma lenta. La capacidad de valorar la razón. El rebaño con el que se había criado en la primera parte de la vida le acompañó a esta segunda y su contacto con otros rebaños y sus diferencias creó esta incertidumbre. La comparación se convirtió en la semilla de la voz crítica. – ¿Por qué actuamos así si ellos actúan de otra manera por el mismo fin? – No estaba sola, pero algo empezaba a cristalizarse en su cabeza. Se dieron los primeros cambios complejos. El rebaño de toda su vida se estaba jerarquizando. Una oveja se elevó como pastor con deseos de gobernar al grupo. Esta oveja se caracterizaba por unas tendencias narcisistas, egocéntricas y unas características carismáticas y de liderazgo. También destacaba por su inteligencia, era más inteligente que el resto y eso le daba la ligera ventaja para alzarse por encima de sus compañeros.  Al mismo tiempo la sociedad le empuja con un gran envite de un sentimiento inconsciente de pertenencia a un grupo social colectivo. Esto combinado con las tendencias y características del pastor creaba el rebaño.  Comenzaba la oligarquía en el rebaño. Los primeros pilares. El pastor imponía su ley de manera cuasi marcial. Creaba leyes “subsociales” no escritas que su incumplimiento llevaba a castigos desde humillantes vejaciones a daños físicos. Seguidamente a la aparición de la figura del pastor, apareció la figura del lobo. Un lobo solitario que antes fue oveja. Este individuo se vio rechazado por los pastores de los respectivos rebaños cercanos. Quedó destinado a la soledad. Frente a la aceptación de la primera etapa, en esta segunda apareció un elitismo. Un elitismo basado en las características físicas y el pasado de las ovejas. Si no se habían desarrollado bien o no habían tenido buenos contactos por ejemplo por introversión en la primera etapa se convertían en lobos. Un ejemplo de esta “ley subsocial” sería:  Pecado: Timidez. Condena: Exclusión social. Nuestra oveja veía este tipo de subsociedad en su día a día. Era la que comprendía, pero ¿Llegaba a creérsela? – Por supuesto que no -. Su capacidad crítica aún en construcción le comenzaba a hablar con una tenue voz dentro de su cabeza. Su voluntad quedaba sometida al miedo. Miedo a la voz de un pastor que se imponía estruendósamente por encima del resto. Únicamente miedo a eso, a una voz.  Todos quedaban como simples ovejas a merced de su líder. Los años pasaban y nuestra oveja seguía sometida a la actitud dictatorial del pastor para pertenecer al grupo y no convertirse en lobo. Ser una más del rebaño, reducirse a ser una de esas simples ovejas. Engañarse. No ser como ella quería ser. Veía como el rebaño oligárquico cobraba fuerza y más y más fuerza. Las injusticias del caudillo se habían convertido en comportamientos completamente normales. ¿Comportamientos sociales correctos? – Para la subsociedad sí, para ella no-. Los pilares en los que se asentaba su pastor caudillo crecían día a día y año tras año. Su poder quedaba irrevocable. Este no iba a dejar que nadie lo entronizara. Había conseguido someter de manera sempiterna a un séquito de obedientes ovejas que habían perdido su capacidad de hablar. El trabajo del pastor quedaba logrado, pero por otro lado nació en él una necesidad de cercanía a su rebaño que le limitaría para el resto de su vida hundiéndose su futuro en un estancamiento que no podía ver. La dependencia a su grupo social. Nuestra oveja en cambio valoró la idea de perder su posición social. – ¿En esto se reduce una vida? Evidentemente no.- Nuestra oveja fue adquiriendo la fuerza, el valor y la voluntad necesaria para salir de esa espiral descendente en la que estaba encadenada. Llegó un día cercano al final de esta segunda etapa en el que no pudo más y se levantó contra el pastor. Se soltó el collar que le tenía unido a él. Prefería ser un lobo solitario a una oveja sometida. No quería ser como su subsociedad le dictaba que fuera para pertenecer al grupo, quería libertad de expresión y no esconderse jamás. Trató que sus compañeros abriesen los ojos como había hecho ella y la siguieran, había creado una rebelión frente al cumplimiento de las leyes subsociales. Podían seguir todos siendo compañeros en un mismo rebaño, pero todos libres, sin nadie que coartara su manera de ser. Fracasó. El rebaño estaba demasiado encadenado al pastor y sus pilares eran férreos. El rebaño quedó limitado a esa subsociedad de manera perpetua. Nuestra oveja solo consiguió rechazo. Pero nuevas ideas brotaron en cabezas de algunas de sus antiguas compañeras. – ¿Por qué debo ser diferente a cómo soy de verdad solo por la necesidad de pertenecer a un grupo? -. La capacidad de raciocinio se había impuesto frente a los primitivos impulsos naturales. El germen de la voz crítica había hecho mella. Poco a poco se fue extendiendo. Varias ovejas más prefirieron ser lobos solitarios pero libres e independientes a un sometimiento subsocial. El pastor enfurecido perdía su poder de convicción, algunas ovejas dejaban de ser simples ovejas y debía cortar por lo sano. Expulsó a las ovejas enfermas corrompidas por ese ideario propio, quedándose solo las dóciles y manejables. En la mente del pastor no cabía la posibilidad de barajar otras circunstancias que no fueran las que él veía correctas. Y sus fieles ovejas lo habían asumido aceptando influenciadas ya sea por ese miedo a la soledad o corrompidas por la subsociedad al estancamiento y la pérdida del desarrollo futuro. Esta parte en la vida de las ovejas marca un antes y un después. Aquí se ve por primera vez la fuerza de voluntad de nuestros compañeros en un rebaño fragmentado y roto en dos bandos. Muchos se estancarán, pero las que se rebelaron abrazaron paralelamente sin percatarse lo que será el principio inminente del progreso personal. Abriéndose una nueva puerta a un nuevo jardín que sus antiguos compañeros nunca llegarán a vivir por el resto de su vida salvo algunas excepciones que estarán tan limitadas a la mano del pastor que no podrán afrontarlo y regresarán derrotadas por la verdadera sociedad. Preferirán vivir en una falsa utopía que en la sociedad real. Terminó así la segunda etapa de nuestra oveja. El final de la subsociedad creada por el pastor y su aislamiento del rebaño subsocial. – ¿Se quedará sola nuestra oveja a partir de aquí? – Nada de eso. Se dio el primer contacto con lo que se convertiría en su primer rebaño social.

Comienza una nueva etapa. Una etapa con una diferencia abismal frente a lo que había vivido hasta ahora. Por primera vez en su vida se ve fuera y alejada de todo lo que ha conocido. Pero no es el final de su vida, ni mucho menos. La oveja se encontrará con más iguales, pero también con esos lobos solitarios quienes conocerán un nuevo sentimiento de pertenencia a un grupo social, una experiencia nunca antes vivida por estos individuos. Las ovejas que entraron a esta nueva etapa no darán nunca la espalda a un igual. Se crean nuevos rebaños al mismo tiempo que se pierden o debilitan las relaciones con los rebaños de la etapa anterior. Se corta paulatinamente la comunicación con su historia anterior. La capacidad de razonar de nuestra oveja está completamente desarrollada al igual que las nuevas ovejas que ahora conforman su rebaño. Son un rebaño de iguales, sin pastor. Y muy importante es la incorporación de lobos que hasta la fecha no habían encontrado su sitio en la precaria subsociedad y ahora quedaban incluidos en un grupo plenamente social dando igual sus preferencias, rarezas o diferencias. Encontrarían un rebaño que los abrazará. Los lazos que se crearán entre los partícipes de este nuevo rebaño serán unos lazos imperecederos, lazos tejidos por verdaderos sentimientos. Pero al igual que todas las etapas anteriores, esta pese a ser de progreso no quiere decir que sea infinita y al igual que las pasadas llegará a su fin. Pero la relación nunca se perderá, este rebaño se disolverá, se desperdigará por el jardín inmenso y prácticamente infinito que les espera por delante, pero sobrevivirán a la distancia. Esos férreos sentimientos creados en estos últimos años de su vida harán que no caigan en el olvido.

Comienza de esta manera la última parte de la vida de nuestra oveja. Ya nos encontramos ante una oveja adulta formada tanto física como mentalmente. Durante la anterior etapa o en última instancia en esta nueva etapa nuestra oveja conocerá nuevos lazos afectivos, pero estos serán de carácter individual, es decir, será algo recíproco únicamente entre dos individuos. Una relación única e irrepetible que le acompañará el resto de su vida. Ya nunca más estará sola, ira en pareja donde quiera que vaya su compañera y viceversa. En esta etapa se asentará de forma permanente y será ahora por fin cuando esté lista para crear su propia familia. Una familia a parte del rebaño que le acompaña. Una unión entre ella y su pareja de la cual volverán a salir nuevos caloyos. Se crearán nuevas ovejas y el ciclo volverá a empezar, pero no para nuestra oveja sino para su cría. Nos encontramos ante una historia cíclica y completamente real. Entonces entrará la cuestión de qué hará nuestra oveja respecto a su cría. Le aleccionará en su porvenir o le dejará que sea ella misma quien descubra su camino pese a que sea peligroso y pueda fracasar. Nuestra oveja al igual que sus padres hizo con ella dejará que sea la propia sociedad quien la aleccione. El ciclo que vivió nuestra protagonista ya no será igual que para su cría. Los matices sociales cambian en cada generación y tratar de prepararla ante ellos será inútil ya que no son los mismos y ni si quiera nuestra propia oveja después de todas sus experiencias podrá entender esas nuevas vivencias. Esto lo sabe y lo entiende, por eso confiará en su caloyo para que sea él quien se forje en su nuevo rebaño social pero siempre supervisado por nuestra oveja. Nuestra oveja siempre le empujará hacia el futuro.

La sociedad cambia al igual que cambian sus rebaños. Cada generación puede ser peor o mejor que la anterior, pero eso siempre lo dictará la presión social que ejerza el rebaño sobre sus individuos. La influencia de los padres siempre quedará limitada a la moral con un carácter subjetivo y no dictatorial. Enfrentarse al rebaño es enfrentarse a la sociedad. Habrá momentos y momentos, pero la oveja si es lista sabrá elegir el momento adecuado para romper con el rebaño. Sus padres deben velar por que alcance el momento en el que rompa las cadenas cambiantes que le unen al pasado y pueda seguir escalando la gran escalera que tiene por delante. Alcanzar mediante la fuerza de la voluntad su buen futuro.

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