Historias de un cazador de Zaragoza. Un camino de dos años.

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¿Qué han tenido estos dos últimos años? Un sinfín de historias individuales o colectivas que hemos vivido y hemos compartido. Un sinfín de experiencias que chocan contra lo cotidiano rompiendo con la realidad aparente de lo que definiríamos como mundano. Con esta nueva aportación no solo quiero defender un sentimiento, os pido a vosotros que colaboréis con ese sentimiento y podamos compartirlo juntos. Espero que os guste mi entrada.

Comenzaré por una breve descripción. Me llamo Víctor tengo 22 años y soy estudiante de historia en Zaragoza. Empecé a jugar al Pokemon Go desde el día uno, pero pese a eso tardé lo mío en subir al nivel 40, algunos me conoceréis como Aizzzan. Como muchos otros cazadores supongo que comparto aquella afición que ya no se recuerda tan lejana de la Game Boy y la Nintendo DS con sus respectivos juegos de pokemon. Aquellas horas y horas que se convirtieron en grandes momentos que con la llegada del Pokemon Go muchos sentimos la posibilidad de revivir. No obstante, nos encontramos frente a algo completamente nuevo y sin precedentes. Esa novedad provocó no solo el acercamiento de la gente que ya conocía los juegos anteriores sino de mucha más.

Por un lado, siempre está la motivación que te lleva a empezar a jugar, pero para mí lo importante es la motivación que te lleva a seguir jugando. Mucha gente se instaló el juego en el “bum del 2016” siendo su única motivación: Se lo instala todo el mundo. Viendo como era el juego frente a sus expectativas, acabaron por perecer frente a la monotonía. Se perdió así pues esa motivación primera que empujó a jugar a tanta gente. Mi motivación también cambió, pero no perecí frente a esas infestaciones de ratatas, pidgeys y zubats.  Mi motivación pasó a convertirse en una cacería de vivencias. Sobreviviendo a ese primer año llegaron las incursiones que empujaron al colectivo de cazadores a participar en conjunto para lograr un fin. Algo nuevo y muy necesario. Fue aquí el comienzo de las mejores historias de cazadores que he vivido desde la existencia del juego. Historias que rompen con lo normal, con lo cotidiano y completamente surrealistas. Siendo estos tres adjetivos fantásticos y precisos para describirlas. Historias como la de aquella mujer, bueno mujer, mejor dicho, novia, que en el día de su boda vio oportuno hacer una incursión en mitad del Parque Grande acompañada por sus damas de honor y haciendo peligrar la hora de la peluquería y el consiguiente atraso de la boda. O aquel hombre vestido de traje y maletín en mano que en el Paseo Independencia se ofreció a ayudarnos o más bien a que le ayudásemos a él en una incursión de Articuno en aquel primer verano legendario que a nadie se nos olvidará. Nunca podré olvidar jamás aquellos saltos y aquellos gritos de emoción de ese hombre al capturar por fin su primer pájaro legendario y la emotiva historia que le seguía escondida detrás. Y las innumerables historias de personas que si no hubieras visto que jugaban con tus propios ojos nunca te lo hubieras creído. Y como olvidar las amistades que se han ido trabando en estos dos últimos años. Amistades que nunca hubieron podido existir si no fuera gracias al juego.

Esta aportación no la escribo con el único hecho de entretener como en ocasiones anteriores. Esta vez quiero que me contéis vosotros vuestras historias. Quiero escuchar las experiencias que os han llenado de ese sentimiento de perplejidad. Vivencias bonitas o feas, pero que os hayan hecho sentir. Como, por ejemplo; Esa sensación efímera que te invade el cuerpo cuando ves en un día de la comunidad cualquiera en el parque grande a cientos de personas corriendo como si de una estampida se tratara sin importar acera, carretera o césped, solo imbuidos por esa necesidad de conseguir el ansiado 100%. Y una vez conseguido, y algo más relajado te percatas por un momento del enorme friso de cabezas generado en cuestión de minutos. Esa sensación que no se sabe muy bien cómo describirla ni tampoco qué es lo que quiere realmente hacernos sentir. Os animo a que me contéis todas aquellas historias que hayáis vivido da igual cuándo, pero que sean ciertas. Porque si son cómo me las espero cuestionarán la realidad y lo cotidiano o lo mundano, y eso las convertirá en extraordinarias.

Me comprometeré a reunir cuántas me sea posible, ojalá que todas. Redactarlas y pulirlas hasta convertirlas en ese sentimiento que esconden y darlas a conocer, extender tanto mis experiencias como las vuestras. Hacer que el mundo sienta lo que nosotros hemos compartido y aprendido.

Por último, quiero agradecer a todas aquellas personas que por el mero hecho de haberlas conocido a lo largo de estos dos últimos años me han empujado a no abandonar el juego jamás. Muchas gracias.

 

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