Breve guía de como hacer un comentario de texto histórico.

papel blanco

Después de recibir varios mensajes de peticiones da aumentar mis entradas sobre guías de contenido académico, y más concretamente sobre comentarios de textos. Aquí os dejo una nueva entrada sobre como comentar textos de manera elaborada. Espero que os sea de mucha utilidad.

¿Cómo hay que comentar un texto histórico? Para hacerlo bien hay que desarrollar un espíritu crítico. Hay que abrir la mente y comprender el pensamiento del hombre o la mujer que lo escribió, no sirve de nada tener la mente cerrada. Ni mucho menos interpretar meramente lo que dice, sino también hay que desentrañar lo que no ofrece a simple vista. En primer lugar habrá que comprender; Comprender un texto para poder comentarlo significa razonar el pasado sin caer en la subjetividad. Comprender un texto es hacerle hablar a base de preguntas, sin resignarse ante su aparente mudez. Para esto hace falta ingenio, imaginación y tenacidad. Y obviamente, comprender no es juzgar.

Todos los comentarios deben abordarse desde dentro, tratando de centrarnos en el contenido que nos lega, no repasando la historia, filosofía o la disciplina que sea para hablar de ella en vez de hacerlo del texto.

Respecto a los defectos que hay que evitar al comentar, hay que evitar una explicación externa, es decir, usar el texto como pretexto para decir cosas aprendidas en los libros u otros sitios. Pero por otro lado, hay que tener buenos conocimientos de la época y autor. En segundo lugar, hay que evitar la explicación parafraseada, osea, no hay que repetir lo que dice el texto. En tercer lugar, hay que evitar la redacción literaria, en lugar de comentarlo, (este en mi caso es de mis mayores defectos al escribir), por ejemplo, referirse al lenguaje usado, a su valor estilístico (a menos que se trate de un comentario literario), en resumidas cuentas, dar juicios estéticos y formales sin ver lo que el texto tiene de informativo. Y por último, hay que evitar el lirismo laudatorio o peyorativo, con apreciaciones subjetivas de lo que allí dice, sin entrar en el análisis del texto.

Ahora bien terminadas estas premisas pasamos a ver como se comenta un texto histórico.

En primer lugar está la preparación. En este apartado hay que hacer un trabajo preliminar que sería numerar las líneas, por ejemplo, de cinco en cinco en el margen izquierdo para poder hacer referencias que anotaremos de la siguiente manera (ej. Línea 12, aludiendo al lugar donde está algo que explicamos). Después hay que hacer una primer lectura comprensiva o varias dependiendo de la complejidad del texto, pero eso sí, hay que comprenderlo bien antes de empezar. Seguidamente esto ya es más optativo pero ayuda, anotar las ideas principales de manera general o por párrafos (muchas veces las ideas aluden a párrafos). También es recomendable subrayar, pero no de manera aleatoria sino que hay que subrayar las palabras-guía, que nos ofrecerán el esqueleto del comentario a realizar. Después de realizar todo lo anterior se extrae la idea principal, que podría servir de título al texto. Se habrá comprendido lo que el autor nos quiere decir, sin añadir nada ni salirse del texto. Lo normal para hacer un buen comentario es valerse de medios externos para ayudarse, como serían tablas cronológicas, atlas y mapas, diccionarios, biografías, etc. Pero siempre bibliografía adecuada. En los comentarios de clase o examen, suelen facilitar algunos de estos datos externos que el alumno no está obligado a saber por sí mismo.

En segundo lugar  y después de haber hecho una buena preparación del texto, viene la elección del método de explicación. Según la naturaleza del texto hay que elegir un método u otro. Hay tres fundamentales, el primero es el método literal o lineal. Este simplemente es comentarlo todo paso a paso. Pero se presta a reiteraciones. Es el más común y más usado. Es muy útil en textos articulados, por ejemplo, un código de leyes. Su principal ventaja es que no se aleja del texto ni deja nada sin comentar. El segundo método es el lógico. Para este hay que explicar el contenido agrupándolo previamente por temas afines. Lo malo es que a veces te empuja a caer en explicaciones externas extraídas de los libros, alejándote del texto. Es eficaz en documentos mal esquematizados o confusos en su redacción, que no siguen un desarrollo lineal. El tercer método sería el lógico-literal o mixto. Consiste en reagrupar primero por ideas básicas o temas y luego desmenuzar el contenido de cada uno de los grupos paso a paso. Es el más perfecto. Se usa sobre todo cuando se manejan varios textos para un trabajo monográfico.

En tercer lugar, conviene hacer una introducción o encuadre en la que nos preguntemos una serie de cuestiones sobre el texto en su conjunto.

Qué (clase o naturaleza del texto) No se puede comentar de igual manera un texto legislativo que textos filosóficos o teológicos, o de carácter privado.

Quién (autor). Se debe distinguir entre textos emanados de la autoridad pública, (universales, nacionales, locales), en función del alcance que tienen. Textos originados por personas privadas. Y textos de carácter religiosos. Se hará pues una mención del origen tipificar las relaciones surgidas entre las partes interesadas. Se identificará al autor y se podrá hacer una breve biografía si es poco conocido. Esto último suele ser lo más problemático. Si el texto lo expresa puede ocurrir una serie de cosas; Que haya escrito el texto personalmente. Que lo haya redactado otra persona, que seguiría más o menos fielmente sus intenciones. Que se trate de una falsificación. Que haya sido arrancado por la fuerza. En todo caso habrá que hacer unas observaciones. Si no consta de autor, de debe intentar averiguarlo basándose en el estilo, personajes que aparecen, topónimos, hechos históricos, etc. Si no se puede deducir, darlo como si fuera un autor anónimo.

A quién (destinatario). Intentar averiguar si el documento va destinado a un público amplio, (ej, todos los súbditos), a un público restringido, (ej, una ciudad), o a una persona privada, (ej, un campesino), y por su puesto comentar algo de esta parte.

Cómo (circunstancias generales). Aquí hay que hablar del momento histórico y de las circunstancias (el pensamiento, la cultura, etc.) que rodean al texto. Si en el texto se hace referencia a una persona pública o a una institución, hay que describirlos. Si se refiere a un momento cumbre de la Historia hay que ensamblar el texto en ese marco, detallando brevemente el ambiente en que se redactó. Si se refiere a un aspecto coyuntural, también habrá que apuntar un poco sobre el momento preciso en el que se hizo. Se trata, pues, de echar mano de los conocimientos que tenemos para encuadrar y hacer más comprensible el texto.

Cuándo (fecha concreta del texto). Esta parte puede ser muy sencilla o muy difícil. Si lleva fecha hay que atender a diversas cronologías (era cristiana,, años de la encarnación, era hispánica, Hégira, etc.,), y reducirla, si podemos, al cómputo actual. Igual con el mes y el día si se utiliza la calendación romana. Si no lleva fecha hay que ver en el propio texto los elementos históricos que haya y que nos permitan aproximarnos al año de redacción.

Dónde (lugar de la redacción). Hay que determinar no solo el lugar geográfico (ciudad y país) sino también el lugar social (palacio, monasterio, calle, cárcel, destierro, etc.). A veces el texto dice algo, si no buscar en el lenguaje, la toponimia, etc. También el lugar donde haya aparecido el documento puede indicar pistas. Si es una traducción crea más problemas.

Por qué (intenciones del autor). Hablar de los móviles que impulsaron al autor a redactar este texto, que pretendía con ello y que logró.

En cuarto lugar, el comentario propiamente dicho. Si todo lo anterior está bien hecho, el comentario ya no será ninguna dificultad. Partiendo de las palabras-guía, tema y síntesis, y por cualquiera de los tres métodos citados, se extraerá el corazón del texto, relacionándolo con el pensamiento del sujeto autor.

Y por último, las conclusiones. En esta parte habrá que reagrupar en pocas palabras los caracteres esenciales del texto. Precisar su interés. Indicar si aporta algo de nuevo. Colocar el texto en su contexto histórico, indicando lo que proporciona para el conocimiento del personaje o periodo a que se refiere. Hacer un balance de las intenciones y móviles del autor. Sinceridad del mismo y en consecuencia credibilidad del texto. Indicar lo que aporta para el conocimiento del pasado.

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