La Maldición del Fénix #2

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Segunda entrega del hilo de relatos La Maldición del Fénix basados en el universo de J. K. Rowling. No olviden dejar su comentario sobre que les parece y su opinión de cómo podrá desarrollarse la historia. Espero que les guste este segundo aporte.

El viento de la noche hacía rechinar los viejos postigos quebradizos de la antiquísima casa de la familia Black. Harry Potter examinaba silencioso a la niña mientras esta le devolvía una mirada fría y penetrante. Hugo había salido rumbo al ministerio para informar de lo acontecido en Hogwarts e investigar sobre el paradero de la lista de personas que le había dado el director. No iba a ser fácil, algunos de ellos estaban en busca y captura desde la Gran Guerra de los Magos y nadie los había vuelto a ver. El brillo de un rayo haciendo iluminar la habitación donde se encontraban sacó a Harry de sus cavilaciones.

  • ¿Tienes hambre Samantha? – Preguntó el director.

La niña no contestó. Tenía aún la ropa empapada de la tormenta y su mirada no soltaba los ojos cansados de Harry. El preocupado director no había tratado con niños desde hacía décadas y no sabía cómo afrontar esta situación. Apuntó con su varita a la niña, quien retrocedió asustada. La habitación tornó cálida y una ráfaga de aire proveniente de la varita secó la ropa de la niña al instante.

  • ¿Así mejor? – Le preguntó Harry mostrando una sonrisa debajo de su poblada barba.

La niña asintió levemente y su mirada se relajó un poco.

  • Bien pues, ahora comeremos algo y después te enseñaré donde está tu habitación.

Se dirigieron a la vieja cocina acompañados del crujir de los tablones de madera que sonaban con cada paso. Un retrato tapado por cortinas despistó la atención de la niña unos instantes. Miró curiosa como algo se movía al otro lado y sintió un impulso de correr las cortinas, pero el director atento en todo momento la apartó.

  • No hay que molestar a la dama. – Dijo sonriente y continuando su paso.

La niña miró una última vez el misterioso retrato y continuó con la marcha. La cocina estaba cubierta por una gruesa capa de polvo. Harry miró melancólico el habitáculo. Se llevó la varita a la garganta y sopló creando una gran ráfaga de aire que levantó todo el polvo convirtiéndose en una densa nube blanca que con rapidez se fue hasta un cubo situado a la derecha de la chimenea y se depositó ahí llenándose casi por completo. Harry se adentró en la cocina la cual había parecía haber rejuvenecido años. Abrió un armario vacío y lo cerró al momento. Seguidamente volvió a colocar su varita sobre la puerta del armario y susurró algo que hizo temblar su interior. Abrió la puerta nuevamente y el armario se mostró repleto de golosinas.

  • ¿Te gusta el dulce? – Le preguntó Harry con voz divertida a la niña mientras le tendía una mano con una rana de chocolate envuelta en plástico trasparente.

Samantha cautelosa tanteó con la mirada la rana de cacao que le ofrecía el viejo director y finalmente la cogió algo temerosa. Se sentó en una silla y la sacó de su envoltorio colocándola en la palma de su mano.

  • Ten cuidado, una vez abierta saltan. – Dijo el director guiñándole un ojo a la perpleja Samantha.

La rana al instante saltó de la palma de la niña a la mesa. Samantha observó la rana mientras saltaba en círculos por la mesa.

  • Si la cazas y te la comes podrás coger lo que quieras del armario. – Le dijo Harry a la niña mostrándole el contenido del armario repleto de dulces.

Samantha lo observó y se decidió a cazar la rana subiéndose por la mesa e iniciando una persecución a gatas. Al poco rato Harry observaba como Samantha aupada en un taburete comía golosinas del armario.

  • ¿Están buenas? – Le preguntó.

La niña asintió con los labios manchados de chocolate.

  • Pero no podrás comer y cenar siempre esto. Comerás otras cosas ricas otros días ¿verdad?

Samantha volvió a asentir y se guardó en los bolsillos golosinas variadas frente a la noticia de que a lo mejor no comería más. Después se dirigieron al primer piso, allí Harry le enseñó un salón con grandes ventanales que daban a la calle y un árbol genealógico de la familia Black. Samantha observó las ramas y los rostros de los Black con curiosidad. Subieron al segundo piso y allí Harry le llevó hasta una habitación decorada con una bandera de la casa Gryffindor de Hogwarts, había perdido el vivo color rojo agotado por el paso de los años, pero se podía reconocer perfectamente su león.

  • Dormirás aquí por ahora Samantha. – Le dijo el profesor mientras repetía el hechizo que había hecho en la cocina.

Cuando Samantha vio la habitación despojada de polvo se sintió algo más cómoda y se relajó. Se sentó en la cama observando al director expectante desde el umbral de la puerta.

  • Cierto, te dejo sola. – Le dijo disculpándose y cerrando la puerta para que se sintiera más segura.

Para asegurarse Harry se dispuso de varios hechizos de protección y los lanzó sobre la puerta. Nunca venía mal más seguridad de la necesaria. Siempre que la puerta se abriera le alertaría y no podría hacerlo nadie que no fuera él desde fuera. Y a parte de puso defensas mágicas a modo de escudo. Reforzó el encantamiento Fidelio ya existente al igual que otros muchos que habían perdido su fuerza por el paso del tiempo. Finalmente se aventuró a dejar a Samantha sola en la casa y se fue. Grimmauld place estaba en una zona muggle y Harry quería volver a tener contacto con los suyos así que puso rumbo a un sitio que le traía recuerdos ya desde que aún era un estudiante de Hogwarts. Se dirigió decidido al Caldero Chorreante, el pub que conecta el callejón Diagon con Londres.

Harry entró con pasos firmes en el pub y fue hasta la barra. De los magos y brujas que estaban allí en ese momento ninguno paró cuenta en su presencia. Era un completo extraño que nadie miraba. En la barra el tabernero se le acercó al ver su aparición.

  • ¿Qué le sirvo viejo? – Dijo con voz huraña.
  • ¿Esas son formas de atender a un amigo? – Contestó el director enarcando una poblada ceja gris.
  • ¿Amigo? – Respondió el tabernero acercando su cabeza a Harry por encima de la barra para verlo mejor.

Harry se acariciaba la barba mientras el tabernero lo examinaba con la mirada.

  • No es posible. – Dijo finalmente.
  • Sí lo es Neville.
  • ¡Harry Potter! – Exclamó abriendo los ojos desorbitadamente.
  • Te han tratado bien los años. – Dijo el director.

Ciertamente estas últimas tres décadas le habían afectado mucho mejor que a Harry. Neville Longbottom cuidaba su aspecto y se movía ágil, no parecía tan viejo como realmente era.

  • ¿Qué te ha sacado de Hogwarts? – Preguntó Neville aún con sorpresa en su voz.
  • Ponme una buena jarra de cerveza de mantequilla y te contaré. – Dijo el viejo director enrollándose un mechón de pelo del bigote.

Neville salió presto a buscar una jarra mientras que Harry se giró a ver la pared del fondo del pub. En ella se encontraban los carteles de magos buscados o peligrosos. Todos los carteles eran bastante viejos y algunos mostraban caras familiares para Harry Potter, algunos de sus amigos llevaban en busca y captura más de veinte años. Pero había un cartel que le llamó la atención. Era nuevo, no llevaría más que un mes ahí colgado y mostraba a un joven de no más de diecinueve o veinte años de ojos claros sonriendo dulcemente como si nunca hubiera roto un plato. Harry no entendía porque debían de estar buscándole. Neville volvió con dos grandes jarras de cerveza de mantequilla y se sentó junto con Harry al otro lado de la barra.

  • ¿Quién es el niño del cartel? – Preguntó Harry Potter señalando a su espalda, a la pared de los carteles.
  • ¿No sabes quién es? – Dijo asombrado Neville – Bueno, claro, no has salido hasta ahora de Hogwarts, te has perdido muchas cosas. Ese chico es Henry Lavan una sabandija sin escrúpulos.
  • ¿Qué ha hecho? – Preguntó curioso el director.
  • Desde este enero, ¡desde navidad! ha ido utilizando la magia con usos inadecuados para embriagar a mujeres de todo tipo ya sean brujas o muggles y aprovecharse de ellas una vez conseguido. Al principio algunas veces fallaba y esas primeras denuncias en el ministerio quedaban archivadas, pero fue perfeccionándose y en todos estos meses ha ido aprovechándose de muchas hijas y hermanas de mucha gente sin importarle si tenían pareja o no. Y no fue hasta el mes pasado que por acumulación de denuncias el ministerio no expidió un cartel de se busca. Y únicamente lo buscan por uso indebido de la magia no por crímenes. – Explicó Neville Longbottom.
  • ¿Cómo es eso? – Preguntó consternado el director frente a la noticia.
  • Su plan no culmina hasta que las mujeres no acceden a él, por lo que no es un abuso criminal como tal, pero cuando se pasan los efectos y ven los daños que les ha causado, todas y cada una de ellas se vienen abajo y muchas con su vida destrozada. Es de las peores personas que te podrás encontrar hoy en día en Londres. Seguramente lo atrapen antes los familiares o prometidos de las chicas que ha abusado que el propio ministerio desinteresado en él. –Respondió el tabernero con voz pesada pensando en el malestar de las familias damnificadas.
  • Me parece imposible que no hayan atrapado aún a tan vil cucaracha. – Dijo Harry Potter rascándose la sien izquierda. – Solo de pensar en ese tipo de persona, dónde le queda el honor o que ha hecho con su moralidad y su ética. Una existencia así es una mancha para la sociedad, tanto la nuestra como la de los muggles.
  • Mucha gente piensa así Harry, es algo unánime y que cada vez va en aumento. Los magos y brujas lo buscan desesperadamente pero no lo encuentran, se escapa y esconde perfectamente. Solo sale de su escondrijo para amedrentar a una nueva familia.

Harry miró a su alrededor viendo que magos y brujas estaban ahora en el pub. Había una joven pareja coqueteando en una mesa, cuatro magos extranjeros jugando a las cartas y charrando en un lenguaje que no entendía y un anciano sentado solo dormitando en una mesa al final del pub.

  • ¿Sigues siendo el defensor de los magos y brujas? – Le preguntó Harry a Neville.
  • Siempre defenderé a la gente, ya lo sabes Harry junto con Luna y Ginny seguimos siendo los líderes del ejército de Dumbledore. – Contestó Neville con orgullo.

Harry sonrió imbuido por recuerdos de una época muy lejana.

  • ¿Si te hago un favor me lo devolverías? – Le pregunto el director guiñándole un ojo.
  • Por su puesto, y aun así te debo mucho Harry.

Harry se bebió lo que le quedaba al final de la jarra de un gran trago y se secó la espuma de la barba con el dorso de la manga de la túnica. Sacó su varita y la apoyó suavemente en la barra delante de Neville, este observaba con cautela y curiosidad lo que estaba haciendo su viejo amigo. Harry se levantó con lentitud apoyando sendas manos en la barra y miró fijamente a los ojos del viejo tabernero. Cogió suavemente su varita con solo dos dedos y la meció un instante en el aire mirando tranquilamente su bailoteo. Se giró y grito ¡Finite incantatem! Apuntando al anciano somnoliento de la esquina. Neville se levantó de su taburete tirándolo hacia atrás sobresaltado por el comportamiento de Harry. De pronto la cara del anciano empezó a temblar y a estremecerse mostrando muecas con la mandíbula casi desencajada. Poco a poco fue cambiando, su largo pelo blanco tornó rubio y corto, sus arrugas desaparecieron y sus ojos cansados y hundidos se volvieron brillantes y azules. Henry Lavan descubierto se levantó de su asiento y sacó su varita apuntando a Harry Potter.

  • ¡Expelliarmus! – Grito Neville desde el otro lado de la barra haciendo volar por los aires la varita de Henry Lavan.

Todos los demás que estaban en Caldero Chorreante se habían levantado de sus sitios y habían sacado su varita. Henry Lavan puso cara de pánico y echó a correr.

  • ¡Locomotor Mortis! – Gritó el chico que estaba sentado con su pareja enfrente de Henry Lavan.

Las piernas de Henry se fusionaron en una y cayó al suelo dándose de bruces. Empezó a arrastrarse lamentablemente con los brazos hacia la salida. La chica se acercó levantando su varita.

  • Incend…
  • Ya basta, aquí no. – Interrumpió Neville a la chica. – Ese hechizo podría resultar fatal para el Caldero Chorreante si se descontrolara. – Añadió.

El chico agarró por el brazo a la chica y salieron corriendo fuera del pub, al callejón Diagon gritando: ¡Harry Potter y Neville Longbottom han detenido a Henry Lavan! Despertando a todos los magos y brujas que habitaban en él. Mientras Neville se acercó a Henry y cogió su varita partiéndola en tres pedazos. El pub se abarrotó de magos y brujas sedientes de venganza. Henry Lavan mostraba una cara de pánico que solo servía para alimentar más esas ansias de venganza. Harry se interpuso entre la muchedumbre y el vil mago.

  • Podéis hacerle lo que queráis, no os lo impediré, pero no podéis matarlo. – Dijo fieramente Harry con los brazos extendidos y varita en mano.
  • No acabaremos con su vida, pero sufrirá por lo que ha hecho. Lo juro por mi hija. – Dijo un mago desde la muchedumbre.
  • Llevémoslo a la plaza, enfrente del banco, allí lo verá todo el mundo. – Dijo otra persona.
  • De acuerdo llevároslo, está a vuestro cargo hasta que venga el ministerio, me da igual lo que hagáis con él mientras respetéis su vida. – Dijo Harry.
  • Me parece bien. – Le apoyó Neville.

La gente obedeció y llevó atado a Henry Lavan entre insultos y golpes arrastrándolo por el suelo como la cucaracha que era. Harry y Neville observaron desde la puerta del pub como se alejaban con el acosador mientras se unía más gente a la procesión que ocupaba ya toda la calle. Acabaron quedándose solos en toda la planta baja del caldero Chorreante.

  • Dime Harry, ¿Qué quieres de mí? – Le preguntó Neville rompiendo el tranquilo silencio.
  • Te necesito para combatir un nuevo mal. – Respondió el viejo director.
  • Cuenta conmigo. – Dijo Neville sin pensárselo dos veces.
  • Será muy peligroso. – Añadió el profesor.
  • Nunca ha dejado de serlo. – Le respondió – ¿Por dónde empezamos?
  • Vamos a sacar a Ron de San Mungo.

Y así fue como Harry volvió a reclutar al primer miembro de la nueva Orden del Fénix, Neville Longbottom antiguo líder junto con él del legendario ejército de Dumbledore que combatió y venció de forma definitiva a Lord Voldemort y sus seguidores. Muchos compañeros quedaban aún por reunir y una nueva misión había en mente del viejo Harry Potter. Rescatar a Ron esta misma noche, pero faltaban muy pocas horas para que amaneciera. La tarea se presentaba difícil, pero Harry ya no estaba solo.

 

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