La maldición del Fénix #3

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Tercera entrega del hilo de relatos La Maldición del Fénix basados en el universo de J. K. Rowling. No olviden dejar su comentario sobre que les parece y su opinión de cómo podrá desarrollarse la historia. Espero que os guste y sigan leyendo la historia.

La noche ya bien entrada amenazaba con comenzar a clarear en cualquier momento dando tras de sí un nuevo día. Los dos ancianos magos contemplaban desde los viejos y fríos barrotes de la verja exterior del hospital como chisporroteaba la luz blanca que indicaba donde se encontraba la entrada.

  • Vamos Harry saquemos a Ron.
  • No creo que sea tan fácil. – Respondió el viejo director con un largo suspiro.

Con paso lento casi ceremonioso ambos magos entraron en el recinto de San Mungo cerrando la chirriosa puerta de la verja tras su paso. La vieja túnica de Harry ondulaba rítmicamente con cada escalón que ascendía hacia la puerta de la entrada. Entraron silenciosos y serios.

  • Hola ¿Puedo ayudaros? – Dijo con voz tímida la joven recepcionista al ver a los dos magos.
  • ¿Podría indicarnos dónde se encuentra la habitación de …
  • Ron Weasley. – Terminó Harry interrumpiendo a Neville.
  • Durante la noche están prohibidas las visitas. – Explicó la recepcionista algo confusa.
  • No venimos de visita, vamos a llevarnos a Ron. – Dijo el director.
  • Lo lamento, pero es imposible sacar a un paciente sin previo examen psicológico. Aquí en San Mungo tenemos magos que serían peligrosos si dejasen su tratamiento.
  • No admitiremos un no por respuesta, nos llevaremos a nuestro amigo. – Dijo muy seriamente Neville.

La joven recepcionista empezó a agitarse. Sus ojos asustados iban de un mago al otro examinándolos con cautela.

  • ¿Qui… Quiénes sois? – Acabó por preguntar titubeante.
  • Yo soy Neville Longbotom.
  • Yo Harry Potter.

La recepcionista se percató de la famosa cicatriz del anciano director y sus ojos se abrieron como platos. Se levantó bruscamente de su silla tirándola al suelo con fuerza.

  • ¿De verdad sois vosotros? – Preguntó con gran sorpresa en su voz.
  • Así es jovencita. – Le respondió Harry. – Y vamos muy justos de tiempo, pronto amanecerá y deberíamos estar en otro lugar.
  • Pero si usted no sale de Hogwarts.
  • Pues entonces entenderás la importancia de nuestra misión. – Dijo con una poderosa mirada.
  • Les llevaré hasta la habitación de Ron Weasley. – Dijo la joven recepcionista señalando hacia el pasillo que se abría por la derecha.

Los tres encabezados por la recepcionista comenzaron su viaje por el antiquísimo hospital. Tras pasar por laberínticos pasillos rodeados por estrechas puertas metálicas iluminadas lúgubremente por tenues luces provenientes de bombillas que parecían palpitar se detuvieron finalmente frente a la habitación número treinta y dos. En su umbral la recepcionista aún dubitativa por lo que estaba haciendo sacó temblorosa un llavero repleto de llaves completamente iguales. Tras una larga ceremonia pasando de llave en llave acabó por encontrar la que abría la puerta y se la tendió a los magos.

  • Gracias joven. – Dijo Neville despidiendo a la recepcionista.

Harry miró fijamente a su amigo justo antes de girar la llave y abrir la puerta de la habitación que había tenido encerrado a Ron durante años. Suspiró y se escuchó el chirriante tirador de la cerradura abriéndose. La habitación estaba únicamente iluminada por la poca luz del alba que conseguía filtrarse entre la gran reja metálica que cubría la ventana. Los escasos muebles se encontraban escondidos entre la oscuridad, pero los magos vieron al momento la silueta de su viejo amigo sentada en la cama. Ron llevaba un pijama de una sola pieza grisáceo, su piel era pálida y parecía quebradiza. El paso de los años había tornado su melena pelirroja a una nueva plateada dejando un pequeño atisbo de su color anterior. Sinceramente presentaba una apariencia muy decrépita, pero lo que más preocupó a los magos fue que su mirada vacía fija en la pared ni si quiera se alteró por la visita.

  • Hola Ron. – Dijo Neville rompiendo el silencio.

El antiguo compañero siguió con la mirada perdida inalterable.

  • El mundo corre un nuevo peligro y te necesitamos a nuestro lado para combatirlo y vencer como hicimos en antaño. – Dijo Harry acercándose a Ron.

Ron giró levemente su cabeza posando los ojos en el viejo director mostrándole una profunda mirada con sus ojos inyectados en sangre rodeados por pronunciadas ojeras.

  • ¿Y dónde estabas tú cuándo yo te necesité? – Preguntó Ron con voz casi metálica.
  • Fue difícil para mí. – Contestó el director.
  • Hermione murió y no hiciste nada. – Respondió Ron agitándose.
  • Y sigo lamentándome por ello, yo también perdí mucho en aquella guerra. – Añadió Harry colocando su mano sobre el hombro de su viejo amigo.
  • Yo lo perdí todo. – Dijo Ron apartando su mano bruscamente.
  • Eso no es verdad. ¿Quién crees qué me sacó de Hogwarts? – Le preguntó Harry. – Fue tu hijo, Hugo. – Se respondió a si mismo al ver que Ron no decía nada.
  • ¿Hugo?
  • Sí, así es. ¿Acaso ya no te acuerdas de él? – Preguntó el director consternado.
  • Sí me acuerdo de él y también sé que ahora trabaja para los que asesinaron a su madre.
  • El ministerio ya no es como lo era en aquellos años. – Trató de justificar el director, aunque él también lo odiase.
  • – Dijo Neville señalándole con la mirada que cada vez el cielo estaba más iluminado.
  • Debemos irnos ahora Ron, ven con nosotros. – Dijo el viejo director ofreciéndole su mano.
  • No, no me iré de aquí. – Le negó Ron cruzándose de brazos.
  • Si es así como quieres acabar tus días, viejo, decrépito y solo en un maldito hospital para locos quédate y nos iremos. Limitarte a recuerdos pasados y maldecirte cada día por lo que perdiste o por lo que no pudiste hacer te está llevando a la verdadera locura. El pasado es pasado ya no se puede cambiar siempre has sido un luchador, uno de los magos más valientes que conozco y ahora verte así me parte el alma. Has olvidado quien eras y lo que conseguiste en el pasado. Ron, tú no eres así, no eres de los que se rinden ni abandonan a sus amigos. Llevas muchos años consumiéndote en la oscuridad de esta habitación, al igual que yo lo hacía en Hogwarts y sí he conseguido salir tú también puedes hacerlo. Solo te pido que vuelvas a ser tú mismo. Te lo pediré una vez más. ¿Vendrás con nosotros? – Dijo Harry sinceramente con voz cortada.
  • ¿Qué se supone que ha pasado que ha sido capaz de sacarte de tu aislamiento en Hogwarts? – Le preguntó Ron.
  • Te lo explicaremos más tarde ahora debemos irnos.
  • De acuerdo. – Dijo Ron extendiéndole esta vez él la mano.

Harry le agarró la mano firmemente y ambos magos se desvanecieron seguidos por Neville. Se volvieron a materializar con rapidez en el viejo cuartel de la orden. Su llegada vino acompañada por el ruido de una taza rompiéndose contra el suelo. Los magos se giraron para ver qué había pasado y se encontraron con Samantha pálida y mostrando una mueca que terror. A sus pies había una taza rota rodeada por leche y cereales.

  • ¿Quién es esta niña? – Preguntó Ron enarcando una poblada ceja plateada.

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