Futbolistas, actrices y astronautas.

cabecera post Futbolistas, actrices y astronautas enero2020

Relato escrito para la revista revista número 28 de la Asociación A.E.T.H.A (Asociación de Enfermos y Trasplantados Hepáticos de Aragón) Ha sido un placer participar con su asociación aportando mi granito de arena a su causa.

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Recuerdo cuando no era más que un niño y nos preguntaban en clase —¿Qué queréis ser de mayores? — Una mera pregunta que siempre se contesta con un sueño idealizado.

El aula se llenó de futuros futbolistas, actrices y astronautas, pero solo una niña quiso convertirse en algo diferente. Silvia contestó — Yo seré una superheroína.

La profesora curiosa y enarcando una ceja le respondió — Y ¿Cómo te convertirás en una superheroína? —. Silvia sin pensárselo dos veces le contestó — Salvando vidas.

Esos tiernos años pasaron enterrando en el olvido nuestros sueños de idílicos futuros.

Hemos crecido aferrándonos a una sociedad que cada vez se presentaba más fácil, mirando solo hacia delante sin molestarnos en girar la cabeza siquiera para ver qué nos rodeaba.

Nos hicimos mayores, hombres y mujeres con familias, hijos e hijas, responsabilidades, trabajos y objetivos, pero ninguno nos convertimos en las personas que queríamos ser. Nuestras vidas no tardaron en separarse recorriendo cada una un camino diferente. Nos alejamos adentrándonos en el futuro ¿Qué son los problemas si solo los vemos girando la cabeza levemente cuando seguimos nuestra senda? No son nada si no nos afectan directamente. Que difícil se nos hace tender una mano a quien necesita ayuda para ser levantado. ¿Por qué hasta que no somos nosotros quienes caemos y nos ayudan a levantarnos no nos damos cuenta de lo sencillo que resulta ayudar a otra persona con cualquier acción desinteresada por pequeña que resulte? ¿Hemos de esperar a que nuestra vida quede salpicada por el dolor para entenderlo? Qué triste es saber que maltratamos nuestro cuerpo creyéndonos impunes. A cualquiera que haya vivido una vida teñida del color de las rosas se le hará difícil entenderlo. Incluso para mí, un iluso que en todos sus años nunca se le ha pasado por la cabeza ni la más mínima intención de pensar en cómo puedo ayudar ni a mi vecino. Hasta el maldito día del accidente en el que todo cambió, un mundo de hospitales empezó para mi hijo meciéndose ahora por ese fino hilo que le separa quebradizamente de la muerte.

En sus últimos años Silvia siempre nos decía con una sonrisa sincera — Primero vive la vida, luego dónala—. Ella siempre fue así, animaba y ayudaba a la gente sin querer recibir nada de ellos, no buscaba ni dinero ni reconocimiento, solo le bastaba la satisfacción de lo que había hecho. Y aquí estoy despidiéndome por última vez y dándole las gracias con toda mi alma a aquella niña que como nosotros no cumplió su sueño hasta hoy, que, con su hígado, pese a que no pueda verlo, le regala una segunda vida a mi hijo.

Gracias Silvia por salvar la vida de Raúl y por los demás órganos que donaste a tantas familias, al final, aunque nunca pudiste saberlo, para nosotros te convertiste en una superheroína.

Enlaces a A.E.T.H.A:

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Links a los demás relatos de la saga “Historias corrientes”

La caja tonta.

Luz.

Mi primera navidad.

El camino de un sentimiento.

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