4#. La Maldición del Fénix.

Cuarto capítulo del fanfic; La Maldición del Fénix, basado en el universo de J.K Rowling. ¡Espero que os guste!

Harry explicó la situación al recién incorporado Ron, quien se mostraba bastante incrédulo con el regreso de Ariana. El Sol brillaba con fuerza en lo alto de cielo. Cuanta más prisa tenían, más rápido pasaba el tiempo. Pronto organizaron su siguiente movimiento.

Harry encomendó a Neville la tarea de buscar a Hannah. La bruja dejó su puesto de curandera en Hogwarts para ir a la Gran Guerra de los magos y tras la fatídica derrota se escondió siendo perseguida hasta hoy en día por el ministerio. El único que sabía de su paradero era Neville ya que la había estado protegiendo todos estos años.

En un primer momento Neville no se mostró muy convencido de poner en semejante peligro a su esposa, pero las circunstancias lo requerían y tuvo que acceder a la petición de Harry. A regañadientes el mago salió de la casa y se perdió veloz entre los muggles que circulaban ingenuos por la calle.

—¿Qué haremos nosotros Harry? —le preguntó Ron.

—Nosotros también debemos separarnos.

—¿Estas seguro? Sí Ariana ataca y le hacemos frente los dos, tendríamos más oportunidades que estando solos.

—No Ron, tanto juntos como separados, Ariana nos destrozaría, aún no has visto de lo que es capaz de hacer. No puedo ni imaginarme el poder que tendrá cuando esté recuperada del todo.

Ron refunfuñó irritado.

—¿Y qué quieres qué haga?

—Ve a buscar a… Ginny.

—¿Estás seguro de qué querrá volver a verte? Desde vuestro divorcio no habéis hablado y además vive en Brasil ¿Cómo voy a ir a hablar con ella?

Harry sacó de debajo de su deshilachada capa una pequeña snitch dorada.

—Cógela, es un traslador —explicó Harry tendiéndosela. —La vincule a Ginny hace… no recuerdo cuantos años han pasado ya, pero nunca me atreví a usarla.

Ron agarró con cuidado la snitch y sacó su varita.

—¿Tú que harás mientras?

—Iré a reclutar alguien más…

La puerta de la casa con un fuerte y prolongado chirrido se volvió a abrir interrumpiendo a Harry. Hugo entró por la puerta y se sorprendió al ver a Ron.

—Papa yo…

Ron dio un suave toque con su varita sobre la snitch y desapareció sin dejar acabar la frase a Hugo.

—Me ha costado convencerlo para que viniera siendo que yo no participé en la Gran Guerra, imagínate que pensará de ti cuando tú luchaste en el bando que asesino a Hermione —le dijo Harry a Hugo.

—Las cosas no tenían por qué haber salido así.

—Me da igual Hugo, las cosas salieron como salieron y ya es tarde para cambiarlo. Ahora te necesito con la mente clara y despejada. Debes quedarte aquí protegiendo a Samantha mientras yo esté fuera, no quiero volver a dejarla sola, la casa es peligrosa para una niña tan pequeña.

—¿Dónde vas a ir?

—A Hungría, tengo un asunto pendiente allí.

Harry sacó de su bolsillo un cartel muy viejo de «Se busca» enrollado. Lo alisó sobre la mesa de la cocina y sacó una escama de serpiente de un bote cercano.

—No es posible que cuentes con él para la nueva orden…

—Es un mago poderoso y necesitaremos la mayor fuerza posible para derrotar a Ariana.

El viejo director pico la escama de serpiente hasta hacerla polvo y lo extendió sobre el joven rostro de Draco Malfoy. Miró a Hugo a los ojos y sacó su varita.

—Mucha suerte, será un viaje difícil —le deseó Hugo.

—Lo sé, ningún trato ha sido nunca fácil con Draco.

Harry empezó a mover su varita con velocidad murmurando un hechizo bastante largo y así como terminó de recitarlo desapareció al mismo tiempo que el polvo de la escama de serpiente crepitaba convertido en fuego prendiendo el cartel. Hugo nunca había visto semejante hechizo y dudoso de apagarlo esperó hasta que se consumiera entero.

Tras limpiar la mesa se giró para ver a Samantha. La niña se había puesto un nuevo tazón de leche con cereales y se lo comía tranquila expectante de la conversación que tenían los magos, acostumbrada a ver magia como si la hubiera visto durante toda su vida.

El viejo director se materializó en un húmedo bosque. Tanteó un poco con su píe el resbaladizo suelo cubierto por hongos verdes y cuando se le pasó el leve mareo del viaje miró al frente.

—Sabía que llegaría el día que vendrías a por mí —le saludó Draco Malfoy sentado sobre un gigantesco basilisco.

Enlace a la quinta parte.

Enlace a la lista de capítulos.

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