Ensayo; ¿Se puede hablar de tolerancia con los moriscos en la España de los austrias?

Ensayo dividido en dos partes, austrias mayores y menores. Explicado de forma individual monarca por monarca.

En este ensayo hablaré sobre la tolerancia en la España de los Austria respecto a los moriscos. Trataré cada monarca de manera individual comentando los datos más relevantes de su reinado respetando el tema, el cual dividiré en dos apartados, correspondiéndose el primero a los austrias mayores y el segundo a los austrias menores. Finalmente cerraré el ensayo con una conclusión y una valoración crítica. Las fuentes utilizadas han sido en mayor medida por Internet, siendo datos examinados, comparados y contrastados hasta obtener una opinión clara, por otro lado, me he ayudado también de la obra de Dadson, Trevor, J. “tolerancia y convivencia en la España de los Austrias. Cristianos y Moriscos en el Campo de Calatrava”.

Los moriscos y los primeros austrias; los austrias mayores.

Carlos I y V de Alemania.

Carlos I llegó a España en 1517 y en aquellos primeros momentos la cuestión de los moriscos era un tema teórico a lo que no dio importancia primando su coronación. Ya para 1522 a su regreso a España tras ser coronado como Rey de Romanos y como Emperador del Sacrosanto Imperio Germánico bajo el nombre de Carlos V, se encontró con sublevaciones, la de los Comuneros en Castilla y de las Germanías en Valencia. Los moriscos se aliaron con los nobles durante las revueltas y esto hizo que sufrieran grandes penalidades y venganzas. Por ejemplo, en el reino de Valencia les obligaron a bautizarse bajo torturas y amenazas. Lo que hizo que el colectivo morisco elevara sus quejas llegando hasta el rey mediante sus señores. Carlos I encargó una encuesta a nivel nacional, mediante un cuestionario que debían rellenar todos los moriscos de España, objeto de evaluar la situación. Al mismo tiempo convocó una comisión de expertos para decidir la validez de los bautizos bajo coacción. El dictamen de esta comisión fue que sí eran válidos. Tras esto Carlos I firmó un edicto el 25 de noviembre de 1525 por el que se expulsaba a los musulmanes de Valencia, Aragón y Cataluña. Este mismo año se prohibió por decreto al igual que en 1502 la creencia islámica. El rey pasó seis meses en Granada entre junio y diciembre de 1526 y viendo con sus propios ojos los suntuosos palacios nazaríes chocando con su visión de Flandes le hizo comprender la envergadura de la civilización islámica. Un comité de representantes moriscos granadinos donó a las arcas reales 50.000 ducados a modo de tregua para dejar en suspensión los últimos decretos de Carlos I, quien aceptó. Este pacto fue desvelado en 1528 y la Santa Inquisición hizo su propia interpretación del asunto, hasta el 1540 los sumarios acusatorios por herejía se contaban por cientos. Acabando muchos de ellos en la hoguera.

Felipe II.

Felipe II aconteció entre 1568 y 1571 la rebelión de las Alpujarras. La abundante población morisca del Reino de Granada se alzó en armas en protesta contra la Pragmática Sanción o Pragmática antimorisca de 1567, que limitaba sus libertades culturales.

La pragmática sanción entre otras cosas prohibía hablar, leer y escribir en árabe en un plazo de tres años. Anulaba los contratos que se hacían en aquella lengua. Obligaba a los moriscos a que vistieran a la castellana y que en celebraciones o fiestas abriesen las ventanas y puertas sin usar instrumentos o cantares moriscos, aunque éstos no fueran contrarios al cristianismo. Prohibía que celebraran el viernes, el uso de nombres y sobrenombres moros, etc.

Nota.

Cuando el poder real consiguió vencer a los sublevados, se decidió deportar a los moriscos supervivientes a varios puntos del resto de la Corona de Castilla, cuya población morisca pasó de 20.000 a 100.000 personas. Por la gravedad y la intensidad de sus combates también se la conoce como la Guerra del as Alpujarras. Felipe II quedó sobrecogido ante las masacres de sacerdotes llevadas a cabo por los rebeldes. Aparte de las muertes y de las expulsiones, miles fueron vendidos como esclavos dentro de España. Sólo en Córdoba, en 1573, había más de 1599 esclavos moriscos.

Los moriscos y los segundos austrias; los austrias menores.

Felipe III.

La distribución de los moriscos en la España de Felipe III era desigual, nos encontramos ante un país de unos 8,5 millones de habitantes de los cuales 325.000 aproximadamente eran moriscos. Por ejemplo, en el reino de Aragón constituirían el 20% mientras que en Valencia el 33%, por otro lado, el caso castellano era muy diferente, la población rondaba los 6 millones de personas y los moriscos sumaban unos 100.000 lo que debido a ese porcentaje mucho menor de población morisca el resentimiento por parte de los cristianos viejos hacia los moriscos fuera menor que en la corona de Aragón. El campesinado veía a los moriscos como rivales. Finalmente, Felipe III ordenó la expulsión de los moriscos de la Monarquía Hispánica. Fue llevado acabo entre 1609 y 1613. En total se expulsaron alrededor de un tercio de millón de personas, la mayoría de los reinos de Valencia y de Aragón los cuales fueron los más afectados, ya que perdieron un tercio y un sexto de su población, respectivamente. Las causas de su expulsión es un problema con multitud de factores, de las cuales destacaré la mencionada rebelión de Alpujarras del siglo pasado que ahora se recordaba junto con numerosas incursiones de piratas berberiscos. También se temía por la posible colaboración entre la población cristiana y el Imperio turco Otomano. En 1604 comenzó una etapa de recesión que incremento el resentimiento respecto a los moriscos que paralelamente se fue radicalizando en el pensamiento de muchos gobernantes tras el fracaso por acabar con el protestantismo en los Países Bajos.

Felipe IV.

Pese a la expulsión de la etapa de Felipe III, una parte de la población morisca permaneció en territorio hispánico. Muchos trataron de aferrarse a este suelo mediante certificados de cristiandad de los prelados, escapando a las montañas o incluso ofreciéndose como mano de obra esclava. Con el reinado de Felipe IV reclamaron contra las molestias que se hacían a las poblaciones costeras con pretexto de averiguar los moriscos que volvían. Hacia 1624, las cortes ponían por condición que ya no se admitirían más denuncias sobre posibles moriscos que viviesen escondidos, el propio rey Felipe IV escribió a los corregidores diciendo que pasara por alto a aquellas personas e incluso un año después, en 1625 frente a más denuncias el rey añadió que no se tratase a aquellas personas como moriscos sino como vagabundos. La medida de expulsión de los moriscos tras la muerte de Felipe III fue criticada. Por el contrario, la buena disposición de Felipe IV hacia los moriscos debió ser conocida en África, pues en Andalucía que poseía la fortaleza atlántico-marroquí de Salé estaban negociando tratos para intercambiarla por el permiso de regreso a España.

Carlos II.

Carlos II recibió una situación económica muy complicada, comenzó con tan solo 14 años de edad y ya era conocedor de sus limitaciones. Estuvo en el poder durante un cuarto de siglo y dada su condición acompañada de la presión social unida a la Francia de Luis XIV hizo que fuese un reinado muy complejo. Carlos II emprendió un programa repoblador como el que se ejecutará en la época de Carlos III, pero buscó más bien frenar la huida de los pueblos.

Conclusión.

En conclusión, podemos apreciar a lo largo de la época de los Austrias las dos caras de la moneda. En un principio eran reacios a los moriscos que, pese a sus campañas de evangelización, catolicismo, etc., siguieran siendo un grupo diferente y marginal que no cuadraba con la sociedad cristiana del momento, pero por otro lado servían de mano de obra lucrándose la monarquía de ello. Aunque esto crease rencillas con los campesinos que pese a que tuviesen las mejores tierras veían a estos, los moriscos como sus rivales. Lo que se acrecentaba durante las depresiones. Dicho malestar y desacuerdo entre moriscos y cristianos se ve con los primeros Austrias hasta llegar a Felipe III que los expulsa por lo que hasta este momento podemos negar que hubiese habido tolerancia, o al menos tolerancia completa. Cierto es que la expulsión de los moriscos de 1609-1613 no fuese bien vista por toda la sociedad ya que no levantaban semejante odio. Sólo se limitaban a eso a ser un grupo marginal y diferente que no cuadraba con los parámetros cristianos del s. XVI y principios del XVII. Pero más tarde veremos que con Felipe IV las cosas cambiaran, no solo hace la “vista gorda” si no que paulatinamente los vuelve a aceptar en la sociedad reincorporándolos, pero de manera muy pobre. Aquí ya podríamos hablar parcialmente de tolerancia ya que se les permitió volver y se hicieron caso omiso de denuncias contra los que vivían escondidos. En resumidas cuentas y basándome en la bibliografía consultada para la elaboración de este ensayo diré que la actuación de los primeros Austrias hasta Felipe IV no se vio ápice por parte de los monarcas de tolerancia hacía los moriscos.

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