Experiencias del vigésimo primer NaNoWriMo (2020)

Otro NaNoWriMo ha pasado y como el año pasado dedicaré un nuevo post a esta convocatoria, donde os mostraré las vivencias que experimenté durante el reto, así como su preparación.

Este pasado noviembre se convirtió en mi segunda lucha contra el NaNoWriMo, cierto es que ya sabía a que me enfrentaba, además decidí abordarlo de una forma diferente a la del año 2019, mucho más relajado alejando todo lo posible los dolores de cabeza de estar horas y horas frente a la pantalla.

El proyecto que decidí empezar en esta ocasión seguía encuadrado dentro de mi mundo, el Archipiélago de Cristal, pero a diferencia del año pasado no iba a ser una obra alternativa al hilo principal, sino que era la segunda parte de la saga. Una obra kilométrica que con las 50.000 palabras del NaNo no me iba a dar ni para cubrir la mitad, pese a que no la fuera a terminar me aventuré con ella, al menos me daría un buen impulso para terminarla con más calma a lo largo del año.

Respecto a la preparación de este año no me volví loco como en el año pasado. No llené mi congelador de docenas de raciones ni me compré quince litros de redbull. La guía del proyecto no era demasiado detallada ni extensa, la reduje a un esquema de dos carillas, el cual dejé de seguir pasada la primera semana del reto. Frente a toda posible preparación que hice o dejé por hacer lo que más me ayudó fueron los nuevos y las nuevas participantes que se unieron este año, quienes nos volvieron a contagiar ese sentimiento de nerviosismo y motivación que te impulsa a enfrentarte con toda tu fuerza, ganas y energías a este arduo reto, haciéndolo a su vez mucho más ameno y llevadero. Y por su puesto, muy divertido.

Todas estas ganas por empezar explotaron el primer día de noviembre, a las 00:01 del día uno ya estábamos empezando nuestros primeros sprints. Fue un primer día increíble, el mínimo de 1800 palabras fue sobrepasado con creces por prácticamente todas y todos los participantes. En mi caso llegué a las 4.000, puede parecer una buena media diaria, pero queda ridiculizada al lado de las 10.000 que escribió Helena o las 15.000 que logró Altair. Empezaba así el pique para tratar de alcanzarlos.

La primera semana transcurrió muy fuerte, pero claro el ritmo de estos primeros días es prácticamente imposible de mantener a lo largo de todo el mes. Irá reduciéndose poco a poco hasta incluso situarse al límite del del mínimo diario o en cifras generales. En mi gráfica de trabajo diario no hay tres días seguidos que superara el mínimo de palabras, o escribía más de 3k o igual no llegaba ni a mil. Lo que fui arrastrando hasta el final del propio reto.

En la segunda semana me di cuenta que alternar la obra del NaNo al mismo tiempo que trabajaba una segunda obra para un curso de escritores me superaba. El vómito de palabras que estaba escribiendo en el proyecto del NaNo cada vez era peor, por otro lado el curso me exigía mucha más calidad, la cual iba a ser puesta a revisión el día 21 de Noviembre. Cuando logré las primeras 25k decidí centrarme en la segunda obra, la cual hasta el momento no había cuantificado para el contador de palabras del NaNo. Al igual que decidí dejar de hacer sprints, su revisión conlleva bastante tiempo y no podía permitírmelo.

Así llegué a la tercera semana, sin la ayuda de los sprints mi rendimiento había bajado notablemente, por lo que tuve que dedicarle aún más tiempo. El viernes 20 rondaba las 37k. Pese a este descenso de ritmo al centrarme únicamente en una novela salvo días puntuales escribí incluso más que la segunda semana. Estaba apunto de empezar la recta final, las últimas 10.000 palabras. Había tenido un día o dos en los que encendí el ordenador solo para escribir tres o cuatro oraciones y no perder la racha de días seguidos escribiendo. Este año se me estaba haciendo bastante más duro que el primero, con tan poco tiempo desaparecía durante días del grupo de escritores y con esa falta de apoyo y ánimos aún se me hacía más cuesta arriba.

En la cuarta y última semana, no dejé que se me atragantaran las últimas diez mil palabras. Hice acopio de todas las ganas, que aún me quedaban, de seguir horas y horas sentado en la silla frente al ordenador y me puse con ellas. Logré superar el reto sin que la cuarta semana llegara a su fin.

Qué he aprendido durante este nuevo NaNoWriMo.

  1. No hay que mezclar proyectos.
  2. Si no se deja la comida preparada hay que pensar en que deberás cocinar.
  3. Alejarse del grupo nacional de participantes del NaNo es lo peor que se puede hacer.
  4. Preocuparse un poco más por la preparación del proyecto, el año pasado la elaboré muchísimo y este año me he quedado corto. Y por supuesto no abandonar la guía.

Y por último, aquí os dejo una imagen del diploma de este año.


Si os ha gustado este post y queréis informaros más acerca del NaNoWriMo encontraréis mucha más información en la sección; Para escritores. Así como guías detalladas que os podrán ayudar mucho a sacar adelante vuestros proyectos.

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