Artículo del cuento; El Okerlo. Versión de los hermanos Grimm de 1812.

Artículo del cuento; El Okerlo, versión de los hermanos Grimm de 1812. Análisis, resumen, opinión crítica y el propio cuento.


Al final del artículo encontraréis el cuento original traducido.


Análisis del cuento.

En primer lugar, he de comentar que la palabra “Okerlo” es en parte nombre propio, pero también el nombre común de una rara variante de la palabra alemana “oger” que significa ogro.

Este cuento solo figura en esta primera edición del 1812, luego fue suprimido. Quizás fue porque esta variante de la historia estaba demasiado corrupta con grandes incoherencias. Hay bastantes versiones diferentes mucho más completas y mejor explicadas que la de los hermanos Grimm.

Por último destacaré la presencia de elementos que se reconocen en otros cuentos, como las botas de siete leguas, la sustitución de la corona del hijo del ogro, la transformación en cisne y lago, etc.

Resumen del cuento.

El cuento comienza con una reina abandonando a su bebé sobre una cesta en el mar. El bebé sobrevivió y llegó hasta una isla donde habitaban ogros. Allí fue encontrado por una ogresa, esposa de Okerlo, el rey de los ogros. Esta cría al bebé para casarla algún día con uno de sus hijos.

Pasan los años y la muchacha ya crecida no quería casarse con el ogro, lo que hacía que se lamentara mucho. Llegó un príncipe a la isla, enamorándose y prometiéndose casarse, pero la ogresa sabiendo los planes de la muchacha quiso cocinar al príncipe.

Ambos jóvenes emprendieron una huida de la isla, llevándose con ellos una varita mágica, un pastel con un haba y una bota de siete leguas. La ogresa salió en su busca hasta en tres ocasiones, las cuales con los objetos que habían robado lograron frustrar. Pero en la última de ellas, la muchacha quedó convertida en rosa y el príncipe en abeja, habiendo perdido la varita mágica no pudieron volver a su forma original.

La reina quiso llevarse la flor y vio que al partirla un poquito sangraba, entonces llamó a un hada que la desencantara y así descubrió que era en realidad una muchacha, la cual reconoció como su hija y se alegró mucho. Todos felices organizaron una gran boda y se casaron.

Opinión crítica.

Es un cuento horrible cargado de incoherencias y errores. En la huida de la muchacha y del príncipe se olvidan de que estaban en una isla, no se explica ni cómo ni por qué llegó el príncipe, no se entiende porque la reina que ha abandonado a su hija para que muriera ahogada en el mar se alegra de volverla a ver, etc. No es un buen trabajo de los hermanos Grimm, se aleja mucho de la calidad con la que tratan otros cuentos.


Si os ha gustado y queréis leer más artículos sobre los cuentos de los hermanos Grimm, pincha aquí.


Cuento original, traducido por Helena Cortés Gabaudan.

Una reina depositó a su hijo en el mar dentro de una cuna de oro y dejó que se alejara flotando. Y no se hundió, sino que llegó hasta una isla en la que vivían un montón de ogros. Y justo en el momento en que llegó flotando la cuna a la isla, estaba en la orilla la mujer del ogro y, cuando vio a la criatura, que era una preciosa niña, decidió criarla para su hijo, y así podría ser algún día su esposa. Pero hay que decir que pasó los mayores apuros para conseguir esconderla cuidadosamente de su marido, el viejo Okerlo, porque si este hubiera llegado a ponerle la vista encima, se la habría comido, con piel y pelo.

Cuando por fin la niña ya estuvo crecida y le tocaba casarse con el joven Okerlo, resultó que le desagradaba sobremanera su prometido, así que se pasaba el día llorando. Y un día que estaba así, sentada en la orilla, llegó hasta allí nadando un guapo y joven príncipe y le gustó mucho, y ella también le gustó a él, de manera que se prometieron mutuamente. Y en aquel momento llegó la vieja esposa del ogro y se enojó muchísimo al encontrarse al príncipe con la prometida de su hijo, así que lo agarró y dijo: “Espera y verás, te vamos a asar para las bodas de mi hijo.”

Pero el joven príncipe, la muchacha y los tres hijos del Okerlo, dormían todos juntos en la misma alcoba, y cuando llegó la noche, al viejo Okerlo le entró apetito de carne humana, así que dijo: “Mujer, no tengo ganas de esperar hasta la boda, tráeme ahora mismo para acá al príncipe.” Pero la muchacha lo había oído todo a través de la pared, se puso en pie de un salto, le quitó a uno de los hijos del Okerlo la corona de oro que llevaba en la cabeza, y se la colocó al príncipe. Entonces llegó la vieja ogresa, y como estaba muy oscuro, fue tanteando las cabezas y le llevó a su marido al que no tenía corona, y este se lo comió al instante. Pero, entretanto, se apoderó el terror de la muchacha cuando se puso a pensar: “Cuando amanezca, lo descubrirán todo, y lo pasaremos mal.” Así que se levantó en secreto y cogió una bota de siete leguas, una varita de pedir deseos y un pastel con un haba que tenía respuesta para todo.

A continuación, se fue de allí con el príncipe, y como tenían la bota de siete leguas, con cada paso que daban, avanzaban una legua. Y de cuando en cuando le preguntaban al haba: “Haba, estás ahí?” “Sí -les decía el haba- aquí estoy, pero daos prisa, porque viene detrás la ogresa con la otra bota de siete leguas que se quedó allí.” Entonces la muchacha sacó la varita mágica y se transformó en un cisne y al príncipe en un lago sobre el que nadaba el cisne. Llegó la ogresa e intentó atraer al cisne a la orilla, pero no lo consiguió y se fue muy disgustada de vuelta a su casa. Entonces la muchacha y el cisne siguieron su camino.

“¿Haba, estás ahí?” “Sí -dijo el haba- aquí estoy, pero la vieja os persigue otra vez, el ogro le ha explicado cómo se ha dejado embaucar.” Entonces la muchacha cogió la varita y se transformó a sí misma y al príncipe en una nube de polvo impenetrable por la que la señora Orkelo no pudo pasar, de modo que se tuvo que volver para su casa sin haber conseguido nada, mientras los otros dos seguían su camino.

“¿Haba, estás ahí?” “Sí, aquí estoy, pero otra vez veo a la señora Okelo que os persigue, y va dando unas zancadas gigantescas.” La muchacha sacó por tercera vez su varita de pedir deseos y se transformó en una vara de rosal y al príncipe en una abeja, y cuando llegó la ogresa no los reconoció bajo aquella forma y se marchó para su casa.

Pero ocurrió que ya no podían recobrar su forma humana, porque con el miedo, la última vez la muchacha había arrojado demasiado lejos su varita mágica; pero habían llegado ya tan lejos, que el rosal se alzaba en medio de un jardín que era de la madre de la muchacha. La abeja estaba posada sobre la rosa, y al que quería cortarla, le clavaba su aguijón. Y un buen día fue la propia reina la que bajó al jardín y vio aquella hermosa flor, y se quedó tan admirada, que la quiso coger. Pero llegó la abejita y le picó tan fuerte en la mano que tuvo que soltar la rosa, aunque ya la había partido un poco. Y así fue como vio, que de la vara salía sangre, así que mandó llamar a un hada para que desencantara la flor. Y la reina reconoció a su hija y se alegró de corazón. Después mandó celebrar una gran boda, y hubo un montón de invitados que se adornaron con sus mejores galas y miles de luces que brillaban en la sala, y así estuvieron tocando y bailando hasta que amaneció.

“¿Estuviste tú también en la boda?” – “Claro que sí, allí estuve: el tocado que llevaba en la cabeza era de mantequilla, y cuando me puse al sol, se me derritió; mi vestido era de tela de araña, y cuando me pasé por entre las espinas, se me desgarró; mis zapatillas eran de cristal, y cuando pisé una piedra, se me quebraron las dos.”

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