Cuento: Birlibirloque. Hermanos Grimm.

Traducción por Helena Cortés Gabaudan.

Un rey se perdió cuando estaba de caza y de pronto se le apareció un diminuto hombrecillo blanco que le dijo: «Señor rey, si accedéis a darme a vuestra hija más joven, yo de buen grado os conduciré fuera del bosque.» Con el temor que tenía, el rey le dijo que sí, el hombrecillo le mostró el camino, se despidió de él y todavía añadió al partir: «En ocho días iré y me llevaré a mi prometida.» Pero una vez en casa, el rey estaba triste por su promesa, porque precisamente era a su hija más joven a la que más quería; las princesitas se lo notaron y quisieron saber qué era lo que le apenaba. Así que, al final, él tuvo que confesarles que había prometido a la más joven de entre ellas a un hombrecillo blanco del bosque y que iba a venir en ocho días a buscarla. Pero ellas le dijeron que recobrara los ánimos, pues ellas ya sabrían cómo embaucar al hombrecillo. Y luego, cuando llegó el día, vistieron a la hija de un vaquero con sus ropas, la sentaron en su cuarto y le ordenaron: «Si viene alguien a por ti, tú vete con él», y mientras tanto ellas se fueron de casa. Apenas se habían marchado cuando llegó al castillo un zorro, que le dijo a la mocita: «Siéntate sobre mi cola peluda, y ¡Ale-hop! ¡Birlibirloque! ¡Al bosque los dos!» La mocita se sentó en la cola del zorro y de esa guisa se la llevó él hasta el bosque; pero cuando llegaron a un hermoso lugar verde, en el que parecía que el sol lucía bastante cálido y luminoso, el zorro dijo: «¡Bájate y despiójame!» La mocita obedeció, el zorro reclinó su cabeza sobre su regazo y ella lo despiojó, y mientras realizaba aquella faena, dijo la mocita: «Ayer a estas horas hacía mejor tiempo en el bosque.» — «¿Y cómo es que estabas en el bosque?», preguntó el zorro. «¡Pues porque estaba guardando las vacas con mi padre!» — «¡Así que tú no eres la princesa!», «Siéntate sobre mi cola peluda, ¡Ale-hop! ¡Birlibirloque! ¡De vuelta al castillo los dos!» Y el zorro la llevó de vuelta y le dijo al rey: «Me has engañado, esta es la hija de un vaquero, en ocho días regresaré y me llevaré a la tuya.» Pero al octavo día las princesitas aderezaron ricamente a la hija de un pastor de gansos, la sentaron en su cuarto y se fueron. Y el zorro volvió al castillo y dijo: «Siéntate sobre mi cola peluda, ¡Ale-hop! ¡Birlibirloque! ¡Al bosque los dos!» Y cuando llegaron al rincón soleado del bosque, el zorro volvió a decir: «Bájate y despiójame.» Y mientras la mocita estaba despiojando al zorro, suspiró y dijo: «¿En dónde estarán ahora mis gansos?» — «¿Qué sabes tú de gansos?» — «¡Vaya! ¡Si los he estado llevando todos los días a los prados con mi padre!» — «¡Así que tú no eres la princesa!» «¡Siéntate sobre mi cola peluda y ¡Ale-hop! ¡Birlibirloque! ¡Al castillo de vuelta los dos!» El zorro la devolvió al castillo y le dijo al rey: «Me has vuelto a engañar, esta es la hija de un pastor de gansos, en ocho días volveré una vez más, y si tampoco esa vez me das a tu hija, tendrás que lamentarlo.» El rey tuvo miedo y cuando el zorro regresó, le dio a la princesa. «¡Siéntate sobre mi cola peluda, ¡Ale-hop! ¡Birlibirloque! ¿Al bosque los dos!» Y a ella no le quedó más remedio que subirse sobre su cola peluda, y cuando llegaron al lugar que estaba soleado, él le dijo: «¡Bájate y despiójame!», pero cuando reclinó su cabeza sobre el regazo de ella, la princesa rompió a llorar y dijo: «¡Yo soy la hija de un rey y tengo que estar aquí despiojando a un zorro! ¡Ay, si estuviera ahora en casa, en mi cuarto, podría estar contemplando las flores de mi jardín!» Y así pudo darse cuenta el zorro de que ella era su verdadera prometida, y entonces se transformó en el diminuto hombrecillo blanco, y aquel pasó a ser su marido, y ella tenía que vivir con él en una pequeña cabañita, y tenía que guisar para él y coser, y todo aquello durante un bu en tiempo. Pero todo aquello el hombrecillo lo hacía por el bien de ella.

Y en cierta ocasión el hombrecillo le dijo: «tengo que marcharme, pero muy pronto verás aparecer tres palomas blancas, y verás que vuelan muy bajo, rozando el suelo: atrapa a la de en medio, y cuando la tengas, córtale de inmediato la cabeza, pero guárdate de equivocarte y de atrapar a otra que no sea la de en medio, porque en ese caso te ocurrirá una gran desgracia.» El hombrecillo se marchó y al poco tiempo llegaron tres palomas blancas volando. La princesa se fijó bien, atrapó a la de en medio, cogió un cuchillo y le cortó la cabeza. Y en cuanto la cabeza tocó el suelo, se alzó ante ella un joven y guapo príncipe que le dijo: «Un hada me encantó y me condenó a pasarme siete años sin mi forma humana y me dijo que en cuanto yo pasara volando en forma de paloma por delante de mi esposa, en medio de otras dos palomas, ella tendría que atraparme y cortarme la cabeza, y que si no mea atrapaba o si atrapaba la paloma equivocada, y yo ya me marchaba volando a otro lugar, todo sería ya en vano y mi salvación sería imposible: por eso te pedí que te fijaras bien, porque yo soy el hombrecillo gris y tú mi esposa.» Al oír aquello, la princesa se puso muy contenta, y se fueron los dos juntos a ver as u padre, y cuando este murió, ellos heredaron el reino.

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