Cuento: El señor Korbes. Versión de los hermanos Grimm de 1812.

Traducción por Helena Cortés Gabaudan.

Érase una vez un gallito y una gallinita que se querían ir juntos de viaje; entonces el gallito construyó un bonito carruaje con cuatro ruedas rojas y unció delante a cuatro ratoncitos, luego el gallito se aupó encima del carro con la gallinita y así emprendieron viaje. Entonces se encontraron con un gato, que les habló así: «¿A dónde queréis ir?», y la gallinita le contestó:

«Siempre más adelante seguiremos, hasta la casa del señor Korbes no pararemos.»

El gato dijo: «Llevadme también con vosotros.» La gallinita respondió: «Con mucho gusto, siéntate atrás, para que no te resbales si vas delante:

Mucho cuidado con lo que hacéis,

mis ruedecitas rojas no me ensuciéis;

¡Vosotras, ruedas, rodad!

¡Vosotros, ratones, silbad!

Siempre más adelante seguiremos

Hasta la casa del señor Korbes no pararemos.»

Y así fueron sumándose una rueda de molino, un huevo, un pato, un alfiler y una aguja de coser, y todos se subieron al carruaje, pero cuando llegaron a casa del señor Korbes, resultó que este no estaba. Los ratoncitos se llevaron el carro al almacén, el gallito se fue volando con la gallinita hasta lo alto de un palo, el gato se sentó dentro de la chimenea, el pato dentro del cubo para sacar agua del pozo, el alfiler en el cojín de la butaca, la aguja de coser en la almohada de la cama, la piedra de molino se tendió sobre la puerta y el huevo se envolvió en el paño de secarse las manos. Entonces regresó el señor Korbes a casa, fue a la chimenea y quiso prender fuego, pero el gato le tiró odas las cenizas a la cara; entonces se fue corriendo a la cocina y quiso lavarse, pero cuando se acercó al cubo del pozo, el pato le salpicó toda la cara con agua y cuando quiso secarse salió rodando el huevo fuera del paño de manos, se abrió en dos y le pegó los párpados de ambos ojos; entonces quiso descansar y fue a sentarse a su butaca, pero se le clavó el alfiler y del disgusto que le entró se marchó a su cama, pero cuando quiso reclinar su cabeza en la almohada, le pinchó la aguja de coser. Entonces ya estaba tan rabioso y tan lleno de furia que quiso salir corriendo de su casa, pero cuando llegó a la puerta, la piedra de molino le saltó encima y lo mató.

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