Cuento; Gato y ratón viviendo en compañía.Versión de los hermanos Grimm de 1812.

Traducción por Helena Cortés Gabaudan.

Un gato y un ratón querían vivir juntos y compartir gastos y hacienda; también se preocuparon de proveer para el invierno y se compraron un pucherito lleno de manteca y, como no les ocurría ningún lugar mejor ni más seguro, lo guardaron debajo del altar de la iglesia, donde debía permanecer hasta que lo necesitaran. Pero, un buen día, al gato le entraron ganas de manteca y se fue a ver al ratón: «Oye, ratoncito, me ha mandado decir mi compadre que tengo que ir a casa del padrino, que ella ha tenido un hijito, blanco y con manchas marrones, y que soy yo el encargado de sostenerlo sobre la pila bautismal, así que déjame que vaya y encárgate tú hoy solo de la casa.» — «Claro, claro —dijo el ratón— ve, y si comes algo rico piensa en mí, ya me gustaría a mí poder probar, aunque solo fuera una gotita de ese vino rojo tan dulce que les dan a las recién paridas.» Pero el gato se fue derechito a la iglesia y estuvo lamiendo la gruesa costra de fuera de la manteca, luego se estuvo paseando por toda la ciudad y no regresó a su casa hasta que se hizo de noche. «Me imagino que te habrás divertido de lo lindo —dijo el ratón— ¿qué nombre le han puesto al niño?» — «Costradefuera», contestó el gato. — «¿Costradefuera?, vaya nombre tan raro, no lo he oído en mi vida.»

Al poco tiempo, el gato volvió a sentir apetito de manteca, así que se fue a junto el ratón y le habló así: «Me han vuelto a pedir que vaya a donde mis padrinos, el niño tiene un anillo blanco que le rodea todo el cuerpo, así que no puedo negarme, tienes que hacerme el favor de llevar tú solo la casa de nuevo.» El ratón accedió, pero el gato volvió a la iglesia y se devoró el puchero de manteca hasta dejarlo medio vacío. Cuando regresó a casa, le preguntó el ratón: «¿Qué y cómo han bautizado al ahijado este?» — «Mediovacío»— «¿Mediovacío? ¡Pero qué dices, no he oído nunca ese nombre, estoy seguro de que no figura en el calendario!»

Pero ocurrió que el gato no podía olvidar la manteca: «Me han pedido que vaya por tercera vez a casa de mi padrino, esta vez el niño es negro y solo tiene blancas las patas, pero de lo contrario ni un pelo blanco en todo el cuerpo. La verdad es que algo así solo ocurre una vez en muchos años, me tienes que hacer el favor y dejarme ir.» — «Costradefuera, Mediovacío —dijo el ratón— la verdad es que son nombres muy curiosos, me dan mucho que pensar, así que ve de nuevo.» Y el ratón mantenía todo en orden y arreglaba la casa mientras el ato se comía el puchero entero, hasta h hartarse, metiendo el hocico hasta el fondo, de modo que no regresó a su casa, con la panza llena, hasta entrada la noche. «¿Qué, cómo se llama el tercer niño?» — «Todoentero» — «¿Todoentero? Huy, huy, este es el nombre más extraño que he oído en toda mi vida —dijo el ratón— ¿Todoentero? ¿Pero qué significará eso? ¡Desde luego no lo he visto nunca impreso!», y tras decir eso y sacudir la cabeza se fue a acostar.

Nadie vino por cuarta vez a llamar al gato para que fuera junto a su padrino; pero pronto llegó el invierno. Y cuando fuera ya no se encontraba nada para comer, le dijo el ratón al gato: «Ven, vamos a por las provisiones, a por lo que escondimos en la iglesia debajo del altar.» Pero, cuando llegaron, se encontraron todo vacío. — «¡Ay! —dijo el ratón— ahora está todo claro, te has comido tú todo el puchero de manteca cuando decías que ibas junto a tu padrino, primero te comiste la costra de fuera, luego lo dejaste medio vacío y al final te lo comiste…» — «¡Cállate —dijo el gato— o te como a ti si dices una palabra más!» — «… todo entero» —terminó de pronunciar el ratón, al que habían dejado con la palabra en la boca, y aún no había terminado de decir aquello, cuando el gato se abalanzó sobre él y se lo tragó enterito.

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