Cuento; Johannes Saltodeagua y Caspar Saltodeagua. Versión de los hermanos Grimm de 1812.

Traducción por Helena Cortés Gabaudan.

 Un rey estaba empeñado en que su hija no se casara, así que ordenó que le construyeran una casa en medio de la mayor soledad de un bosque, y allí tenía que vivir con sus doncellas sin tener la oportunidad de ver a ninguna otra persona. Pero cerca de la casa del bosque había un manantial con propiedades prodigiosas y la princesa bebió de sus aguas y la consecuencia fue que dio a luz a dos príncipes, a los que llamaron Johannes Saltodeagua y Caspar Saltodeagua y que eran completamente idénticos. Su abuelo, el viejo rey, hizo que aprendieran el arte de la caza y así fueron creciendo y se hicieron mayores y muy bien parecidos. Y llegó un momento en que debían de salir a ver mundo: y cada uno de ellos recibió para el viaje una estrella plateada, un caballo y un perro. El primer sitio al que llegaron fue a un bosque, y vieron al mismo tiempo a dos liebres y quisieron disparar, pero las liebres les suplicaron clemencia y les dijeron que debían de tomarlas a su servicio y que podrían serles útiles y ofrecerles ayuda ante cualquier peligro que surgiera. Los dos hermanos se dejaron conmover y las tomaron como sirvientes; y al poco tiempo aparecieron dos osos, y cuando los hermanos les apuntaron, también les rogaron por su vida y prometieron servirles lealmente: y así aumentaron su séquito. Pero finalmente llegaron a una encrucijada del camino y entonces decidieron: «Tenemos que separarnos, uno se irá por la derecha y el otro por la izquierda», pero ambos clavaron un cuchillo en un árbol que se alzaba en la encrucijada y la herrumbre del cuchillo debía delatarles cómo le iba al otro hermano y si aún vivía; tras esto se despidieron, se besaron y se alejaron sobre sus caballos.

Johannes Saltodeagua legó a una ciudad en la que todo estaba triste y silencioso, porque tenían que sacrificar a su princesa a un dragón que asolaba todo el país y no existía ningún otro modo de apaciguarlo. Y se había hecho público que aquel que arriesgase su vida y matase al dragón, obtendría a la princesa por esposa, pero no habían encontrado a nadie. También habían intentado engañar al monstruo y le habían enviado a la doncella de la princesa, pero este se había percatado en seguida del engaño y no la había querido. Johannes Saltodeagua pensó: ‘tienes que probar fortuna, tal vez lo consigas, así que se fue con su acompañamiento hasta el nido del dragón. El combate fue terrible: el dragón escupía fuego y llamaradas e incendiaba toda la hierba en derredor, de tal modo que Johannes Saltodeagua se habría asfixiado sin remedio si no hubiera sido porque la liebre, el oso y el perro pisotearon el fuego y consiguieron apagarlo; finalmente el dragón tuvo que rendirse y Johannes las guardó. Pero después de esto estaba tan fatigado, que se tumbó allí mismo y se quedó dormido. Y, mientras dormía, pasó por allí el cochero de la princesa y cuando vio a aquel hombre allí tumbado y las siete cabezas del dragón a su lado, pensó: ‘tienes que aprovechar la ocasión’, así que mató de una cuchillada a Johannes Saltodeagua y le cogió las siete cabezas. Fue con ellas a ver al rey, le dijo que había matado al monstruo y que le llevaba las cabezas como prueba y de ese modo la princesa se convirtió en su esposa.

Entretanto, los animales de Johannes Saltodeagua, que tras el combate habían acampado en las cercanías y también habían estado durmiendo, regresaron y se encontraron muerto a su señor. Y también observaron que las hormigas, a las que les habían destruido su hormiguero durante el combate, restregaban a sus muertas con la sabia de un roble cercano, y de aquel modo volvían en el acto a estar vivas. El oso fue a buscar savia y untó a Johannes Saltodeagua con ella, y este se recuperó en seguida y en breve se encontraba de nuevo completamente fresco y sano. Entonces se acordó de la princesa a la que había ganado en combate, y se apresuró a ir a la ciudad, en la que precisamente se estaban celebrando las bodas con el cochero y todo el mundo contaba que había matado al dragón de las siete cabezas. El perro y el oso fueron corriendo al castillo, en donde la princesa les ató carne asada y vino alrededor del cuello y luego ordenó a sus criados que siguieran a los animales y que invitaran a la boda al hombre al que les perteneciera. Y así fue como Johannes Saltodeagua llegó a la boda en el preciso instante en el que llevaban para enseñar el recipiente con las siete cabezas de dragón que había traído consigo el cochero. Johannes Saltodeagua sacó las siete lenguas y las depositó al lado, y de ese modo fue reconocido como el verdadero matador del dragón, al cochero lo expulsaron, y él se convirtió en esposo de la princesa.

No mucho después de aquello, se fue un día a cazar y estuvo persiguiendo a un ciervo con la cornamenta plateada, y lo persiguió mucho tiempo, pero no logró alcanzarlo, y finalmente llegó a donde estaba una vieja, que lo convirtió, junto con su perro, caballo y osos, en piedra. Entretanto, Caspar Saltodeagua llegó al árbol donde estaban clavados los cuchillos y vio que el cuchillo de su hermano estaba herrumbroso. En seguida decidió salir en su busca, se fue cabalgando y llegó a la ciudad en la que vivía la esposa de su hermano. Pero como era tan parecido a él, ello lo tomó por su verdadero esposo, se alegró de su regreso e insistió para que se quedara allí junto a ella. Pero Caspar Saltodeagua siguió su camino, encontró a su hermano convertido en piedra junto a sus acompañantes y obligó a la vieja a deshacer el encantamiento. Después, los dos hermanos se volvieron a casa, y por el camino decidieron que sería esposo de la princesa aquel al que ella se le arrojara primero a los brazos, y aquel resultó ser Johannes Saltodeagua.

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