Cuento; La mano con el cuchillo. Versión de los hermanos Grimm de 1812.

Traducción por Helena Cortés Gabaudan.

Érase una muchacha joven que tenía tres hermanos y los hermanos lo eran todo para la madre, mientras que a ella siempre la relegaba, la trataba con dureza y todas las mañanas le tocaba levantarse temprano para salir a buscar turba escarbando con sus manos la dura y reseca tierra del páramo, porque la necesitaban como combustible para prender y alimentar la cocina. Encima, tenía que arreglárselas para esa ingrata faena con un utensilio viejo con la punta toda desgastada.

Pero la muchacha tenía un enamorado, que era un elfo, que vivía cerca de la casa de su madre en una colina, así que en cuanto ella pasaba por delante de la colina, él sacaba su mano por fuera de la tierra y aquella mano sostenía un cuchillo muy afilado que tenía una fuerza fuera de lo ordinario y era capaz de cortarlo todo. Con la ayuda de aquel cuchillo ella conseguía extraer la turba muy deprisa y se marchaba toda contenta a su casa con aquel precioso cargamento y cuando volvía a pasar por delante de las rocas, las golpeaba dos veces con sus puños, y la mano volvía a salir y recuperaba el cuchillo.

Pero cuando la madre se percató de lo deprisa y fácilmente que la muchacha regresaba siempre a casa con la turba le contó a los hermanos que tenía que haber alguien que la ayudaba, pues de lo contrario aquello no era posible. Entonces los hermanos decidieron seguirla disimuladamente y pudieron ver cómo conseguía el cuchillo mágico, le dieron alcance a la hermana y se lo quitaron con violencia. Después tomaron el camino de vuelta, golpearon las rocas, tal como ella solía hacer, y cuando el buen elfo alargó su mano, ellos se la cortaron con su propio cuchillo. El brazo sangrante se metió adentro de las rocas y como el elfo creyó que su adorada lo había traicionado, desde aquel día ya nunca se le volvió a ver.

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